Esperanza y urgencia son las dos sensaciones que predominan un día antes de la asunción de mando por parte de Rodrigo Paz Pereira. El presidente electo tiene ante sí una misión compleja. La debacle económica que hereda de la nefasta gestión de Luis Arce Catacora requiere acciones urgentes, certeras y eficientes en un breve plazo de tiempo. No es fácil lograrlo; el reto demanda confianza interna y cooperación externa.
Hasta ahora, Paz Pereira ha logrado mostrar interesantes avances en el contexto internacional. La presencia de, al menos, 50 delegaciones en la ceremonia de posesión es una saludable señal. Varios presidentes de la región como Javier Milei, Gabriel Boric o Santiago Peña llegarán a La Paz para acompañar al nuevo presidente de Bolivia.
Es cierto que estos actos poseen un alto grado ceremonial marcado por un estricto protocolo diplomático. Sin embargo, el simple hecho de aceptar la invitación y trasladarse mañana sábado hasta La Paz es una señal de optimismo.
Y no es para menos, puesto que, en muchos casos, estas delegaciones llegan al país acompañadas de empresarios o representantes de instituciones que dedican buena parte del tiempo a reunirse con sus homólogos bolivianos en busca de acuerdos y entendimientos comunes. Hoy mismo, en Santa Cruz de la Sierra, se desarrollará una intensa jornada que reunirá a gran parte del sector productivo e industrial nacional con delegaciones del exterior.
Estos dos hechos, la llegada de presidentes de países vecinos y los espacios de encuentro con sectores empresariales, tienen un significado particular para el actual momento que vive Bolivia. Basta mirar atrás, apenas unos meses, cuando el presidente saliente celebraba con gran pompa el Bicentenario de la independencia de Bolivia, el pasado 6 de agosto. En esa ocasión, y a pesar de las reiteradas y anticipadas invitaciones enviadas, apenas llegaron delegaciones internacionales oficiales a Sucre.
Pero, la política casi aislacionista de Bolivia tiene raíces más profundas. El tan pregonado antiimperialismo de Evo Morales conllevó un alejamiento del país de los principales escenarios financieros y comerciales del mundo. La priorización de los postulados ideológicos, tan marcada en las diversas gestiones del MAS, deterioró de manera catastrófica el posicionamiento mundial de Bolivia.
El viaje realizado días atrás a Estados Unidos es otra muestra más que evidente del cambio de orientación en las relaciones internacionales que asumirá Bolivia. Rodrigo Paz, acompañado de su equipo económico más cercano, se reunió con organismos internacionales y con representantes del Gobierno de Donald Trump. Los resultados, al menos a priori, son satisfactorios y optimistas.
De modo casi paralelo, Edmand Lara, el vicepresidente electo, sostuvo una reunión con el embajador de China en Bolivia, Wang Liang. Si bien no ha trascendido el alcance de esta reunión, se trata de un paso más que necesario para garantizar a un socio estratégico clave la posición de apertura que caracteriza al nuevo gobierno.
Finalmente, el distanciamiento explícito con Venezuela, Nicaragua y Cuba demuestra el tenor de la política exterior que pretende impulsar Rodrigo Paz. Después de tantos años de alineamiento ideológico, sin mayor rédito comercial o económico para el país, Bolivia se desvincula de unos lazos perniciosos que han tenido un costo muy alto para el posicionamiento internacional del país.