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El abuso a menores de edad, un problema estructural

Jueves, 19 de febrero de 2026 a las 04:00

El abuso sexual figura como una de las formas más crueles y más frecuentes de ejercer violencia contra las niñas y los niños en Bolivia. Los informes divulgados por la Defensoría del Pueblo son demoledores y estremecedores. Cada día en el país 16 menores de edad sufren vejámenes sexuales; sin embargo, solo cinco de estas agresiones son denunciadas ante las autoridades. Otro dato escalofriante es que en la mayoría de los casos están involucrados familiares de las víctimas, por parentesco o consanguinidad.

Esta triste realidad recobra visibilidad porque en las últimas semanas se conoció el caso de un pastor evangélico, fundador de una iglesia protestante en Santa Cruz, que fue enviado preventivamente a la cárcel de Palmasola acusado por los delitos de estupro agravado, además de violencia familiar y doméstica.

El estupro es tipificado como un delito que consiste en mantener relaciones sexuales con una persona menor de edad o una persona incapaz, valiéndose del engaño, la superioridad o aprovechando su inmadurez, sin el uso de violencia física. A diferencia de la violación, la víctima consiente, pero este consentimiento está viciado por la edad o manipulación.

Precisamente, la denuncia en contra del líder religioso surgió dentro de su propio entorno familiar. Una prima hermana lo acusó de abusar sexualmente de ella desde que tenía entre 14 y 15 años de edad. Era la segunda víctima del pastor que pedía justicia por los abusos y vejámenes que sufrió cuando se encontraba en la etapa de la adolescencia. Antes, se había cerrado otro caso por falta de pruebas, pero posteriormente fue reabierto por las sindicaciones que recaían sobre el religioso.

La Misión Justicia en Bolivia define la violencia como toda situación en la que se busca o se logra condicionar, limitar o doblegar la voluntad de otra u otras personas para imponer la propia, en relaciones caracterizadas por manejo de poder lo cual hace posible que esa situación de imposición se produzca en la medida en que priva a la persona de su libertad.

En esta definición también se encuadra el caso del expresidente Evo Morales. El otrora “hombre más poderoso de Bolivia” permanece oculto en el trópico de Cochabamba, su bastión político y sindical, desde septiembre de 2024. En esa época la Fiscalía de Tarija lo acusó de incurrir en los presuntos delitos de trata de personas agravado y estupro.

La investigación de la Fiscalía indica que el caso habría ocurrido en 2015, cuando Evo Morales cumplía su tercer mandato como presidente. De acuerdo con el expediente, el exmandatario presuntamente tuvo una hija con una menor de edad. La Fiscalía emitió una orden de aprehensión en contra del dirigente cocalero. Morales permanece prófugo.

Lamentablemente, los casos de violación, estupro y abuso sexual contra menores de edad se hacen visibles cuando involucran a personajes conocidos o alcanzan altos niveles mediáticos. No obstante, la investigadora en Ciencias del Comportamiento de la Universidad Católica Boliviana, Marcela Losantos, asegura que “la violencia sexual es un problema estructural profundamente arraigado en Bolivia”, por lo tanto, requiere de información precisa, válida y confiable para transformar esa realidad en políticas públicas en defensa de los niños, niñas y adolescentes del país.

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