En México, el balneario de Acapulco, en la costa del Pacífico, fue literalmente devastado por el huracán Otis en la noche del martes. La población y las autoridades se vieron sorprendidas por la violencia de este fenómeno que, en un solo día, pasó de la categoría de tormenta tropical a la de huracán de categoría 5, la más alta.
Con las corresponsales Marta Daurán y Emmanuelle Steels Otis, después de Norma, es el segundo huracán devastador que golpea las costas del Pacífico mexicano. En la madrugada del 25 de octubre, los vientos a 280 kilómetros por hora de Otis destruyeron la infraestructura del puerto de Acapulco que vive del turismo. El Gobierno mexicano no pudo dar información sobre el número de muertos, ya que las carreteras y las comunicaciones siguen cortadas. Daños catastróficos Las ráfagas de viento de 280 kilómetros por hora derribaron árboles, rompieron todas las ventanas y el furioso mar llevó a los automóviles a los lobbis de los hoteles de lujo. El aeropuerto internacional de Acapulco está inundado y las torres de control aéreo están fuera de servicio. Los daños materiales en la ciudad fueron catastróficos. La avenida costera está completamente inundada, los restaurantes de la playa han quedado reducidos a un montón de escombros y las fachadas de los hoteles han quedado arrasadas. Se teme que en los hospitales muchos pacientes en terapia intensiva hayan perdido la vida a causa de la falta de suministro eléctrico en aparatos como los respiradores artificiales o las incubadoras. En los días previos les habían advertido de una tormenta tropical, pero al final fue un huracán de categoría 5 el que golpeó de lleno la ciudad. Para colmo de males, el desastre llegó poco antes de las festividades de Día de Muertos que garantizaban visitantes del 1 al 5 de noviembre. Incomunicados Tras el paso de Otis, la región de Acapulco se encontró completamente aislada. Afectada por la caída de árboles y los desprendimientos de tierra, la autopista que une Ciudad de México con el balneario y las carreteras de la región quedaron intransitables. En los barrios pobres y en las comunidades indígenas de Guerrero, la devastación fue peor. Las humildes casas fueron destruidas por los vientos huracanados. Los pueblos de la sierra están inundados e incomunicados. El ganado se ahogó, y la cosecha de maíz que estaba a punto de ser levantada se perdió en su totalidad. La red de sensores que detectan los temblores frente a la costa de Guerrero, donde se genera la mayor cantidad de movimiento telúricos, está fuera de servicio. Si hay un temblor, no habrá alerta sísmica. Más frecuentes y devastadores En su conferencia de prensa del miércoles, el presidente Andrés Manuel López Obrador expresó su frustración por no poder elaborar un balance fiable. "Hasta ahora no tenemos dato sobre pérdida de vidas humanas, pero no hay comunicación, no sabemos", dijo. Hasta el momento, aún no hay electricidad, telefonía ni señal de internet. Los pobladores tienen miedo por la inseguridad y se encerraron en sus casas en tanto que los centros comerciales fueron saqueados. En México, todo el mundo se pregunta cómo Otis pudo haber estallado en intensidad tan rápidamente. Es casi inaudito, según los especialistas en huracanes. Los expertos del Centro de Estudios de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México advierten que debido al cambio climático, los huracanes serán cada vez más frecuentes y más devastadores.