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Cara a cara

Miércoles, 18 de febrero de 2026 a las 04:00

     

Más de una tonelada de marihuana hallada en una vivienda de la zona norte de Cochabamba no es un cargamento menor ni un acopio ocasional. Son 42 bolsas de yute con droga lista para su redistribución. El Viceministerio de Defensa Social lo calificó como uno de los decomisos más voluminosos del último tiempo en esa ciudad, y la cifra habla por sí sola: estamos ante una operación con capacidad logística, no ante un punto aislado de venta.
El episodio en Santa Cruz, con paquetes flotando en un canal de drenaje en la zona Cumavi, añade otro matiz: cuando el control aparece, la droga también aprende a nadar. La Felcn investiga si el cargamento fue arrojado para evitar una requisa, pero el dato concreto es que la sustancia presentaba características de marihuana y fue trasladada para pesaje y narcotest. No hay sofisticación en cajas mojadas, sino prisa por desaparecer evidencia.
La combinación de almacenamiento masivo en una casa y abandono improvisado en un canal revela una cadena activa de distribución. Bolivia no figura como país productor relevante de marihuana. Entonces, si no se produce aquí, alguien la está introduciendo y alguien la está consumiendo. El volumen de los cargamentos obliga a preguntarse por la dimensión real del mercado interno. 
La pregunta incómoda no es solo por las rutas de ingreso, sino por la demanda que sostiene ese flujo. Si el volumen incautado es alto, el que no se intercepta podría ser mayor. Ahí está el verdadero desafío.

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