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Cara a cara

Lunes, 08 de diciembre de 2025 a las 04:00

    

Cada diciembre, Cotoca vuelve a convertirse en el termómetro perfecto de Santa Cruz: fervor, tradición, economía popular y caos organizados en un solo acto colectivo. La romería, que para muchos es un ejercicio de fe sincera, también es la postal de un país que encuentra en lo religioso un respiro frente a la incertidumbre del día a día. 
 Porque Cotoca es eso: promesas, rezos y velas… pero también dinero, abundante comida, puestos improvisados y una marea humana que mezcla devoción con comercio. La Virgen escucha plegarias, mientras los vendedores escuchan números. Y entre ambos lenguajes, la ciudadanía se mueve con naturalidad, como si la espiritualidad y la sobrevivencia fueran dos caras de la misma moneda.
 La ironía aparece sola: la fiesta que convoca a miles también desnuda nuestras precariedades. Caminamos agradeciendo milagros, pero cuidando el bolsillo; pedimos prosperidad, mientras calculamos si alcanza para la masita, el recuerdo o el pasaje de vuelta. Y, como cada año, la organización colapsa un poco, el tránsito se enreda otro tanto y los bolsillos se tensan bastante más.
 Lo que queda después dice mucho: calles saturadas, basura acumulada y un suspiro colectivo que vuelve a la rutina con el mismo peso de siempre. Cotoca es fe, sí, pero también es un espejo. Nos muestra una sociedad que busca consuelo espiritual mientras lidia con presiones económicas persistentes. 
 Quizá por eso la fiesta conmueve tanto. Al final, todos buscamos un alivio -sea divino o terrenal-.

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