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Cara a cara

Lunes, 19 de enero de 2026 a las 04:00

      

La ausencia de Evo Morales en sus habituales programas radiales no es un dato menor. Que el expresidente diga estar “a buen recaudo” no despeja dudas, las multiplica. Preocupa, y con razón, porque no se trata de un líder acosado por ideas políticas, sino de alguien acusado de delitos sexuales cometidos cuando ejercía el poder y cuyas presuntas víctimas eran menores de edad. En una democracia, no puede haber refugios discursivos ni escondites simbólicos cuando lo que está en juego es la justicia.
En estos casos, la comparecencia ante la justicia no es una opción política ni una negociación posible; es una obligación ética y legal. La ausencia, lejos de proteger, agrava la sospecha de impunidad.
El escenario judicial, por su parte, roza lo surrealista. Con Luis Arce, Edgar Montaño, Néstor Huanca, Franklin Flores y otros jerarcas del anterior gobierno en la cárcel —y con más nombres que probablemente se sumen—, bien podría organizarse un gabinete ampliado tras los barrotes. Una imagen potente de la caída de una élite que confundió poder con inmunidad. Eso sí, Armin Dorgathen tendría que conectarse vía Zoom desde Brasil: la política boliviana siempre encuentra maneras creativas de reinventarse.
Y queda una pregunta incómoda: ¿dónde están los hermanos Arce Mosqueira? Su paradero es desconocido. Solo quedaron departamentos vacíos y millonarios predios rurales hoy abandonados. Lo más llamativo es que no visitan a su padre, hoy recluido. En condiciones normales, eso no ocurre. En Bolivia, incluso las ausencias hablan. Y a veces, dicen más que cualquier discurso.

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