La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta concreta que redefine los procesos de enseñanza y aprendizaje. En el aula, su rol ya no se limita a automatizar tareas, sino que acompaña, personaliza y amplía la experiencia educativa, adaptándose a las necesidades de estudiantes y docentes en tiempo real.
Para Marcelo Pacheco, director de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el mayor aporte de la IA en educación es su capacidad de adaptación.
“Se puede personalizar la enseñanza de manera precisa al ajustar el nivel de dificultad y los contenidos según el progreso individual de cada estudiante”, explica. Esta característica permite que los estudiantes avancen a su propio ritmo, reduciendo la frustración y fortaleciendo la motivación.
Desde otra perspectiva complementaria, Francisco J. Mayorga, presidente de la Red de Inteligencia Artificial Latinoamericana (RIAL), sostiene que la IA no reemplaza al docente, sino que transforma el rol del estudiante, quien pasa de ser un receptor pasivo a un actor activo del proceso educativo.
“Podemos tomar dos tercios del tiempo en clase para desarrollar chatbots claves y repartir los contenidos de las materias”, señala, destacando que esta metodología fortalece tanto el conocimiento como habilidades blandas como el trabajo en equipo y la comunicación.
Ambos coinciden en que la IA aplicada a la educación no se trata solo de tecnología, sino de un cambio pedagógico, donde el aula se convierte en un espacio más flexible, colaborativo y centrado en la persona. En este contexto, la IA asume distintos roles según el objetivo educativo.
Los roles de la IA en el aula
1. Simulador: aprender haciendo
Como simulador, la IA permite a los estudiantes practicar habilidades en entornos controlados, desde entrevistas laborales hasta escenarios clínicos o resolución de problemas complejos. Este rol favorece la práctica deliberada y la transferencia del conocimiento a situaciones reales, siempre que exista acompañamiento docente para evitar aprendizajes descontextualizados.
2. Tutor: instrucción personalizada
En su función de tutor, la IA ofrece explicaciones ajustadas al nivel y ritmo del estudiante. Según Pacheco, estos tutores virtuales “ajustan la dificultad de los ejercicios y sugieren materiales adicionales según el desempeño”, convirtiéndose en aliados del aprendizaje autónomo y continuo.
3. Mentor: retroalimentación constante
La IA también puede actuar como mentor, proporcionando comentarios frecuentes sobre tareas y procesos. Esta retroalimentación fomenta la reflexión y la mejora continua, aunque requiere pensamiento crítico por parte del estudiante para no aceptar las sugerencias de forma acrítica.
4. Motivador: conciencia del aprendizaje
Como motivador, la IA estimula la metacognición, ayudando a los estudiantes a identificar fortalezas, debilidades y estrategias de estudio. Este rol promueve la autorregulación y la autonomía, claves para el aprendizaje a lo largo de la vida.
5. Compañero: colaboración y debate
Integrada como un compañero de equipo, la IA puede aportar ideas, perspectivas alternativas y apoyo en discusiones grupales. Este rol potencia el trabajo colaborativo y el pensamiento divergente, enriqueciendo la construcción colectiva del conocimiento.
6. Estudiante: aprender enseñando
Cuando la IA asume el rol de estudiante y explica conceptos “como si estuviera aprendiendo”, se activa una estrategia pedagógica poderosa: enseñar para aprender. Esta dinámica ayuda a clarificar ideas y detectar errores conceptuales.
7. Herramienta: eficiencia académica
Finalmente, como herramienta, la IA permite resumir textos, organizar ideas, traducir contenidos o generar esquemas, optimizando el tiempo. El desafío está en evitar que sustituya el pensamiento crítico y se convierta en un atajo cognitivo.
Un nuevo equilibrio entre tecnología y pedagogía
Para Mayorga, los agentes de IA —capaces de aprender, adaptarse y responder mediante lenguaje natural— permiten crear experiencias educativas más inclusivas y accesibles. “Pueden ser programados, entrenados y personalizados para realizar múltiples tareas”, afirma, subrayando su potencial para democratizar el acceso al conocimiento.
La IA en el aula, coinciden los especialistas, no busca reemplazar la interacción humana, sino potenciarla. En manos de docentes y estudiantes, se convierte en un simulador, tutor, mentor o compañero que amplía las posibilidades del aprendizaje. El desafío ya no es si usar inteligencia artificial en educación, sino cómo integrarla de manera ética, crítica y pedagógicamente significativa.