Un grupo de adolescentes salta y corre en un parque. Algunos usan orejas de lobo, otras máscaras de zorro. Se graban para subir el video a TikTok. Cientos de comentarios, entre quienes apoyan el contenido y los que lo critican efusivamente. La escena, que para muchos puede parecer extraña, forma parte de un fenómeno en tendencia que inunda las redes sociales dejando preguntas sobre identidad, adolescencia y salud mental.
El fenómeno Therian —derivado del término therianthropy— describe a jóvenes que expresan identificarse de forma simbólica o psicológica con un animal. No se trata de una transformación física ni, en la mayoría de los casos, de una ruptura con la realidad. Es, más bien, una narrativa identitaria que se comparte en comunidades digitales como Instagram y foros especializados.
Desde la Psicología del Desarrollo, estas expresiones se entienden dentro de un proceso natural: la búsqueda de identidad. “La adolescencia es una etapa marcada por la exploración. El fenómeno Therian puede comprenderse como parte de los procesos normativos de construcción identitaria”, explica Eliana Exalto, directora de la carrera de Psicología en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). Retomando planteamientos clásicos como los de Erik Erikson, señala que en esta etapa los jóvenes exploran símbolos, pertenencias y narrativas para definirse.
Pero, ¿cuándo es simplemente una expresión simbólica y cuándo podría ser una señal de alerta?
Exalto aclara que la clave está en la funcionalidad. “Si el adolescente distingue entre símbolo y realidad, mantiene su rendimiento académico, relaciones sociales y estabilidad emocional, no hablamos de un trastorno”. En cambio, la situación cambia si existe aislamiento extremo, creencias rígidas de transformación literal o deterioro significativo en su vida cotidiana.
Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerdan que la adolescencia es un periodo crítico para la salud mental y que uno de cada siete jóvenes presenta algún trastorno mental diagnosticable. Sin embargo, también enfatizan la importancia de no patologizar automáticamente las expresiones culturales juveniles.
Las redes sociales cumplen un rol clave. Según UNICEF, los entornos digitales se han convertido en espacios centrales de socialización adolescente. Allí, comunidades como la Therian ofrecen sentido de pertenencia, especialmente para jóvenes que han experimentado exclusión o bullying.
En el entorno familiar y escolar, la recomendación es equilibrio. “No se debe ridiculizar ni reaccionar desde el alarmismo”, sostiene Exalto. “Lo adecuado es observar el bienestar general del adolescente, mantener diálogo abierto y, si existen señales de alerta, acudir a evaluación profesional”.
En las aulas, el desafío es mayor. Capacitación docente, protocolos contra el acoso y acceso a orientación psicológica son herramientas fundamentales para evitar estigmatización. La escuela, coinciden especialistas, debe ser un espacio de protección emocional.
Para la Psicología, estos fenómenos representan también un campo de estudio emergente. Comprender la cultura digital, diferenciar entre identidad simbólica y psicopatología, y trabajar en prevención son tareas que involucran áreas como Psicología del Desarrollo, Clínica y Educativa.
Desde la formación profesional, Unifranz incorpora el análisis de fenómenos psicosociales contemporáneos, salud mental comunitaria e investigación aplicada en juventudes digitales. “Formamos profesionales críticos, éticos y basados en evidencia científica, capaces de comprender antes de juzgar y evaluar antes de etiquetar”, concluye Exalto.
El fenómeno Therian, más allá de su viralidad, refleja una realidad más amplia: las nuevas generaciones construyen identidad en escenarios híbridos, entre lo presencial y lo digital. Entender ese proceso —sin trivializarlo ni sobredimensionarlo— es uno de los grandes retos de la salud mental en el siglo XXI.