La reciente disposición del Gobierno boliviano de autorizar la devolución de depósitos en dólares a pequeños ahorristas —con cuentas de hasta US$ 1.000— se produce en un escenario de persistente escasez de divisas y presiones sobre el tipo de cambio paralelo. La medida alcanzará a más de 770.000 personas naturales y jurídicas y ha reactivado el debate sobre sus implicancias financieras, cambiarias y de confianza.
Desde una perspectiva técnica, el impacto sobre el sistema bancario sería limitado. Así lo sostiene Kadir Lanza, director de la carrera de Ingeniería Económica y Financiera de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), quien afirma que “el impacto sobre la liquidez del sistema financiero sería acotado y manejable. Aunque el número de beneficiarios es elevado, el monto total involucrado es relativamente reducido en relación con el volumen agregado de depósitos en moneda extranjera del sistema bancario”.
El economista remarca que la forma en que se distribuyen los retiros atenúa los riesgos inmediatos.
“La alta dispersión de los retiros disminuye el riesgo de una salida abrupta y concentrada de recursos”, explica, aunque aclara que el análisis debe considerar el contexto macroeconómico general.
En ese sentido, advierte que “en un contexto de restricción estructural de divisas, la devolución de dólares reduce parcialmente el margen de maniobra del sistema financiero para atender otras demandas externas”, por lo que el impacto final dependerá de la disponibilidad efectiva de liquidez y del ritmo de ejecución de la medida.
Más allá de la liquidez, la devolución de depósitos tiene un fuerte efecto simbólico. Para Lanza, “la devolución de depósitos en dólares tiene un efecto potencialmente positivo sobre la confianza, al demostrar que los ahorros en moneda extranjera son efectivamente exigibles”. A su juicio, esta señal puede contribuir a reducir los temores asociados a eventuales restricciones implícitas y fortalecer la percepción de normalidad y solvencia del sistema bancario.
No obstante, el especialista advierte que ese efecto positivo no está garantizado. “La confianza es altamente sensible a las expectativas. Si la medida se percibe como incompleta, condicionada o sujeta a retrasos, el impacto positivo puede diluirse rápidamente”, señala. En ese escenario, agrega, podrían intensificarse los incentivos para retirar y atesorar dólares fuera del sistema financiero formal.
Respecto al destino de los dólares retirados, Lanza considera que el efecto sobre la economía real será más cualitativo que cuantitativo.
“Una parte de los dólares retirados tenderá a ser atesorada fuera del sistema financiero, reduciendo temporalmente la circulación formal de divisas”, afirma, mientras que otra fracción podría canalizarse hacia transacciones informales o ahorro precautorio. Sin embargo, aclara que “dado el bajo monto individual de los retiros, no se espera una afectación significativa al comercio exterior ni a los pagos estratégicos”.
En cuanto a los posibles efectos cambiarios, el economista reconoce la existencia de riesgos, aunque moderados.
“Una mayor circulación de dólares en efectivo puede incrementar la preferencia por la moneda extranjera si se interpreta como una señal de fragilidad macroeconómica”, lo que podría traducirse en presiones marginales sobre el tipo de cambio paralelo. Aún así, subraya que el factor decisivo será la lectura que haga el público de la medida.
“Si la devolución se percibe como parte de un proceso de normalización ordenada, el efecto puede ser el contrario: una reducción de comportamientos defensivos y de presiones especulativas”, sostiene Lanza, quien concluye que el desafío central no es financiero sino de expectativas.
“El éxito de la medida dependerá de su implementación ordenada, su sostenibilidad en el tiempo y la claridad del mensaje económico que la acompañe”.