En esta parte del mundo, en el año 2020, particularmente ha sido objeto de una crisis causada por el Covid 19, llegando a considerarse esta pandemia como una de las más desastrosas de los últimos tiempos, donde la mayoría de las personas vulnerables a estos efectos, se han visto afectadas con la disminución de sus ingresos, rebajas en los sueldos, la elevación de las tasas de desempleo y llegando también al cierre de una gran cantidad de empresas formales. Ante estas adversidades todas las personas vulnerables han tenido la obligación de recurrir a sus ahorros para poder sobrevivir. Recordemos que los efectos del COVID-19 son regresivos, ya que afectan de manera sensible a los que menos tienen, no solo en su salud sino también en su economía.
En tanto los gobiernos, han asumido medidas que llevaron a la generación de déficits fiscales como no se veía hace décadas y por consiguiente el aumento de la deuda externa de un país.
Ante estas circunstancias, una vez que la población “volvió a las calles” después del encierro por la pandemia, tenía que recuperar los ingresos perdidos, los ahorros gastados y por consiguiente el Estado tenía que tratar de revertir el déficit fiscal generado.
Sin embargo; en la teoría de muchos también han existido grupos que no han sufrido los embates de esta crisis, estos serían grupos que poseen grandes niveles de riqueza e ingresos, y que producto de la pandemia han incrementado su fortuna. Según un estudio de Oxfam (Ruiz, 2020), la fortuna de los milmillonarios en América Latina aumentó más de 48.000 millones de dólares hacia fines de 2020, en un momento de gran crisis y notables sufrimientos para el resto de la población.
Contextualizado el pasado, es necesario destacar que los gobiernos para revertir esta situación debían tomar decisiones importantes tanto en aspectos tributarios a mediano y corto plazo, caso contrario las mismas poblaciones menos protegidas como los trabajadores seguirán sufriendo el sostenimiento del déficit fiscal y aumento de la deuda.
En ese sentido, este 31 de marzo venció como tercer año consecutivo el pago del Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF) en nuestro país, una de las primeras medidas adoptadas por el gobierno actual para poder generar mayor recaudación hacia el Estado y tratar de alivianar la gran carga que supone financiar los efectos económicos de esta crisis para el resto de la población.
Según los reportes del Servicio de impuestos Nacionales el IGF recaudó Bs 240,2 millones, aportados por 204 contribuyentes cuyo patrimonio anual individual superó los 30 millones de esa moneda por el ejercicio cerrado a diciembre de 2020 y para el ejercicio 2021, las recaudaciones del IGF sumaron Bs 163,4 millones.
Ahora bien, desde el punto de vista del contribuyente del IGF, podemos establecer que su fortuna acumulada proviene generalmente de inversiones en negocios, las cuales generaron mayores riquezas acumuladas ahora en activos de uso personal.
Es importante destacar que este tipo de impuestos al no gravar la rentabilidad de las empresas, sino solamente gravar las fortunas personales, no posee un efecto negativo sobre la inversión, sin embargo, también es posible que estos contribuyentes alcanzados por este impuesto tengan menos incentivos para invertir, pero los inversionistas potenciales no afectos a dicho impuesto sí tendrían incentivos para invertir en proyectos rentables.
Establecido lo anterior, el gobierno espera que este 2023, exista una mayor recaudación tributaria por el impuesto e inclusive no se puede descartar que para el cierre del ejercicio exista una baja en los porcentajes de determinación del IGF a efecto de incluir a muchas más personas como contribuyentes.