A inicios de la presente semana Salvador Illa comandaba la lucha contra el Covid-19 en España. Pero, de enfrentar la emergencia sanitaria ahora dio un salto para intentar solucionar la compleja crisis política en Cataluña. Quiere ser presidente de dicha comunidad autónoma y por eso renunció a su cargo como jefe de Sanidad, medida que ha sido criticada por las esferas política españolas. Illa, que además marcha segundo en las encuestas de intención de voto, sale de una gestión que fue duramente criticada y en un contexto en el que España ya atraviesa su tercera ola de contagios por Covid-19 (resultados de las fiestas de fin de año). En su última fase como jefe de Sanidad, España se ubicó como el noveno país con más infectados en el mundo (2,3 millones) y el décimo con más fallecidos (más de 53.000), según datos de Expansión. Como resultado de las reuniones familiares, los nuevos casos diarios se han disparado y rondan los 40.000 diarios desde el 15 de enero, un 275% más que los 10.654 que se alcanzaron el 22 de diciembre de la pasada gestión. Illa es un socialista abierto al diálogo (tiene respaldo del PSOE, partido que gobierna España), pero crítico con los independentistas catalanes. Esa capacidad de negociación quedó patente en enero 2020, cuando formó parte del equipo del partido socialista que selló un acuerdo con el partido independentista catalán ERC para que Pedro Sánchez fuera presidente de España. Illa conoce bien los entresijos de la política catalana: ha sido presidente de su municipio La Roca del Vallés (un pueblo de Barcelona) y dirigente del Partido Socialista en Cataluña hasta enero de 2020, cuando el presidente español lo nombró ministro de Sanidad.