¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

200 años: Bolivia no se rinde y sueña con su futuro

Miércoles, 06 de agosto de 2025 a las 00:00

En sus inicios, Bolivia no se rindió y sus fundadores, representantes de cinco regiones diversas, optaron por la independencia. Formaron una nación que hoy brilla con personalidad y que tampoco se rinde; es más, sueña con un futuro mejor.

La historia nos recuerda que siempre fuimos marcados por ciclos: algunos brillaron como espejismos y otros dejaron heridas profundas. Pero hoy, cuando celebramos el Bicentenario, emergen con fuerza nuevas certezas. Y una de ellas es que la tierra y su producción son el presente activo y el futuro posible de una nación que nunca se rinde.

La plata: el origen de una promesa

Bolivia nació entre los ecos metálicos del Cerro Rico. La plata de Potosí no solo había sido codiciada por imperios, sino que alimentó la esperanza de que la joven república pudiera construir su camino con sus propios recursos. Sin embargo, pronto quedó claro que la herencia colonial no era tan fácil de revertir. Sin las transferencias fiscales imperiales y sin insumos clave como el mercurio, la minería de plata no logró sostener el sueño nacional. Entre 1825 y 1870, el país transitó más entre frustraciones que bonanzas, mientras la economía se mantenía en una frágil cuerda floja.

El estaño: riqueza y ruptura

A inicios del siglo XX, un nuevo mineral tomó el relevo. El estaño convirtió a Bolivia en una potencia mundial, pero también profundizó la desigualdad. Tres hombres —Patiño, Hochschild y Aramayo— controlaron no solo las vetas, sino también la política y la economía. Desde los socavones hasta los palacios europeos, el estaño escribió una historia de gloria y explotación.

La Revolución Nacional de 1952 quiso corregir el rumbo con la nacionalización de las minas, pero, décadas después, el colapso de precios arrastró al país a una crisis. Miles de mineros relocalizados cambiaron su mundo por el volante o el comercio informal. Las minas cerraron. El ciclo se extinguió. El Estado, que alguna vez fue minero, se replegó.

Gas: ingresos récord, desafíos repetidos

Con el cambio de siglo, fue el gas natural el que ofreció una nueva promesa. Las exportaciones a Brasil y Argentina multiplicaron los ingresos. La nacionalización de 2006 incrementó la participación estatal, y durante más de una década, la renta petrolera sostuvo programas sociales, infraestructura y estabilidad.

Pero otra vez, la historia nos recuerda que el recurso no basta si no hay visión a largo plazo. La falta de inversión en exploración y la caída de reservas nos colocan hoy en una situación delicada: importamos combustibles mientras la producción local disminuye. La llama del gas, que parecía infinita, comienza a apagarse.

El litio: entre la esperanza y la geopolítica

Bolivia enfrenta hoy el desafío de convertir sus vastas reservas de litio en un nuevo motor económico nacional. Considerado por muchos como el “oro blanco” del siglo XXI, este recurso podría marcar el inicio de un nuevo ciclo económico, tras los períodos históricos dominados por la plata, el estaño y los hidrocarburos.

Aunque el país posee uno de los mayores yacimientos de litio del mundo en el Salar de Uyuni, analistas advierten que este recurso aún no genera ingresos significativos ni ha consolidado un modelo industrial sostenible. Las alianzas estatales con empresas extranjeras como CATL y Uranium One han despertado expectativas, pero la explotación sigue en etapa inicial y enfrenta retos tecnológicos, ambientales y de gestión pública. Además, estos contratos están aún sin la validación legislativa.

Santa Cruz y la agroindustria: un modelo paralelo

En medio de estos ciclos, uno creció en silencio, sin prometer milagros, pero con pasos firmes: la tierra. Desde los valles cruceños hasta las extensas llanuras del oriente, el agro boliviano pasó de ser un actor secundario a convertirse en el verdadero motor económico del país.

Con políticas clave como el Plan Bohan, la construcción de caminos y el impulso de la agroindustria en Santa Cruz, el campo se transformó. La Reforma Agraria de 1953 abrió nuevas posibilidades y, con los años, llegaron la mecanización, la biotecnología y la diversificación productiva.

Hoy, Santa Cruz produce más del 76% de los alimentos que consumimos. Soya, sorgo, girasol, maíz, caña de azúcar, arroz: el campo se ha multiplicado no solo en volumen, sino en capacidad exportadora, generación de empleo y aporte al Producto Interno Bruto nacional.

En 2023, Santa Cruz aportó el 31,5% del PIB nacional, y su agroindustria es responsable de casi la mitad del PIB agropecuario del país. La soya, en particular, ha situado a Bolivia entre los diez mayores productores del mundo, a pesar de enfrentar amenazas como la sequía y la volatilidad del clima. La resiliencia del agro boliviano —y en especial del cruceño— es símbolo de un país que que se adapta, que innova.

Una nación que florece desde su raíz

El Bicentenario no solo nos invita a celebrar, sino a reflexionar. Los ciclos de la plata, del estaño y del gas nos muestran que depender de un solo recurso es un camino riesgoso y nos enseñan que Bolivia siempre ha sabido levantarse.

Hoy, la producción agropecuaria es el motor del desarrollo, es el sector que alimenta, exporta, innova y genera empleo. Pero también enfrenta desafíos: sostenibilidad ambiental, acceso equitativo a la tierra, integración tecnológica y participación plena de todos los territorios y pueblos del país.

“Santa Cruz es la región que puede integrar lo nacional desde lo productivo. No es solo la promesa del oriente, es la promesa de Bolivia”, sostuvo René Zavaleta en Lo nacional-popular en Bolivia (1986).

 

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: