En Bolivia, las mujeres representan el 50% de quienes ingresan a la universidad y el 60% de quienes se gradúan. Sin embargo, cuando el foco se traslada a las carreras STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— esa presencia cae a menos del 35%. En algunas regiones del país, incluso, desciende hasta un 20%. El dato no habla de falta de capacidad ni de interés, sino de un fenómeno más complejo: un sistema que no logra retener a las mujeres en la ciencia.
“De forma general, los resultados muestran una baja representación de mujeres en áreas STEM. Aunque las mujeres significan el 50% de quienes ingresan a las universidades y el 60% de quienes se gradúan, en áreas STEM esta cifra se reduce a menos del 35%”, explica Lucía Alvarado, coordinadora nacional de Investigación de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), a partir de estudios realizados en La Paz, Santa Cruz, Cochabamba y Sucre.
El contraste es aún más llamativo cuando se observa que, en investigación, la participación femenina alcanza aproximadamente el 50%. Es decir, el talento está, pero algo ocurre en la transición hacia las carreras científicas y tecnológicas, especialmente en ingeniería, donde la brecha histórica es mayor.
Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha destinada a visibilizar el papel fundamental de las mujeres en la ciencia y la tecnología, derribar estereotipos de género y promover vocaciones científicas desde la infancia.
Proclamada por la ONU en 2015, esta jornada recuerda que, pese a su aporte decisivo, las mujeres aún son subrepresentadas en estos campos, lo que evidencia la necesidad de generar más oportunidades y condiciones de igualdad en las áreas STEM.
Las barreras invisibles
Los estudios identifican obstáculos socioculturales, institucionales y económicos. Persisten estereotipos de género, falta de referentes femeninos locales y debilidad en la aplicación de políticas de equidad y apoyo al cuidado. Esto afecta directamente la conciliación entre estudio y familia.
“Las mujeres que desean seguir carreras STEM tienen dificultades para encontrar referentes que puedan guiarlas, inspirarlas y acompañarlas en su desarrollo”, señala Alvarado. A ello se suma la falta de mentoría, menor financiamiento y, en muchos casos, entornos universitarios poco acogedores para quienes son minoría.
Para Leslie Vidaurre, docente en la carrera de Bioquímica y Farmacia también en Unifranz, el problema es evidente ya que hay una brecha importante que requiere atención inmediata.
Vidaurre apunta a factores que siguen pesando. “Las principales barreras siguen siendo los estereotipos de género, la falta de referentes y la dificultad de conciliar la vida familiar con el desarrollo científico”.
La clave está en empezar antes
Frente a este panorama, la evidencia señala un camino claro que es el de intervenir desde la educación primaria. “La educación STEM desde primaria puede cambiar significativamente el panorama. La intervención temprana es clave para desmontar estereotipos”, afirma Alvarado.
Esto implica formar docentes con enfoque de género, usar materiales no sexistas y promover actividades extracurriculares STEM dirigidas a niñas. “Desde la academia se pueden impulsar políticas universitarias de equidad, programas de mentoría y prevención del acoso”, añade.
El interés sí existe
Las voces jóvenes confirman que el interés por la ciencia está presente. Zdenka Taboada, estudiante de Bioquímica y Farmacia, comenta que desde pequeña le interesó la ciencia y entender cómo funciona el organismo humano.
“Hoy, las mujeres y niñas tienen más posibilidades de acceder a carreras técnicas, pero contar con más referentes femeninos en ciencia podría inspirar mejor a las actuales y nuevas generaciones”, reflexiona la futura bioquímica.
Vania Araceli Aranda, también estudiante de la misma carrera, coincide. “Elegí esta carrera porque permite comprender cómo funciona el cuerpo y cómo tratar enfermedades. Las mujeres tienen más oportunidades, pero la perseverancia es clave para alcanzar metas profesionales”.
Acciones que buscan cambiar la historia
Más allá del diagnóstico, existen iniciativas que buscan revertir esta tendencia. Una de ellas es la feria de divulgación científica impulsada por la Organización de Mujeres en Ciencia para países en desarrollo, que reúne a universidades públicas y privadas para incentivar vocaciones científicas en niñas.
En Cochabamba, el 26 de febrero, el Campus Cala Cala de Unifranz será sede de este evento con la participación de más de 40 representantes de distintas universidades. Espacios como este muestran que la academia puede unirse para visibilizar la ciencia y abrir puertas a nuevas generaciones.
El desafío, sin embargo, es de largo plazo. “Se requieren estrategias multisectoriales y sostenidas por al menos cinco a diez años para lograr un impacto real”, advierte Alvarado.
En Bolivia el talento femenino para la ciencia no falta. Lo que aún está pendiente es construir un sistema capaz de acompañarlo, sostenerlo y permitirle llegar hasta dónde puede llegar.