Casi a finales de los años 70, durante la dictadura militar, dos hombres se dedican a enterrar cadáveres clandestinamente. Entre los cuerpos que arriban a la orilla del río. Sin embargo, uno de los cuerpos que llega hasa ese paraje sigue con vida. Los sepultureros saben que tienen que matarlo, pero nunca asesinaron a nadie antes. Esa es la trama deMatar a un muerto, filme de Hugo Giménez que obtuvo el premio a mejor largometraje de ficción en el Fenavid 2021, que finalizó el miércoles y donde también obtuvo el premio Signis que otorga la Iglesia católica.
Giménez, de 44 años, pertenece a una nueva generación de realizadores paraguayos que empiezan a destacar fuera y dentro de su país.
_¿Cuál fue el origen de Matar a un muerto?Existe, si se quiere, mucha mitología alrededor de la dictadura en el Paraguay. Al no tener registros concretos y asentados en un proceso de memoria institucionalizada, hay muchos testimonios que corren en la tradición oral acerca del terrorismo de Estado que son vox populi y un poco a partir de esas historias fuimos armando la historia. La película se vale de esos elementos y construye, lo que llamo un limbo donde se recrea ese tiempo y esas prácticas desde la periferia del sistema, porque los protagonistas son enterradores clandestinos, anónimos que hacen la tarea de hacer desaparecer los cuerpos. La película trabaja en esas capas en una historia de ficción, pero con un anclaje fuerte a ese pasado y ¿por qué no?, al presente también. _¿Qué tan vigente está el tema de la dictadura en la sociedad paraguaya?La reconstrucción de ese tiempo para nosotros parte del testimonio de la gente o de fragmentos dispersos de documentación que existe en algunas investigaciones que hicieron organismos como Derechos Humanos y demás que han sido independientes y no que haya salido de la sociedad paraguaya. Esa es la gran deuda que tenemos. Cada vez más difícil, porque la mayoría de las personas ligadas al régimen siguen estando en el poder político. De hecho, el presidente actual es el hijo del secretario privado de Stroessner, entonces en ese escenario cuesta empezar esos procesos de memoria. Confiamos también que a partir del trabajo de un montón de gente y del arte y otras disciplinas como el cine, vayan instalándose procesos de memoria para que se pueda dar eso de manera institucionalizada alguna vez. _¿Cómo fue la construcción de los personajes?Fue un trabajo de guion de tres años y medio intenso. Al ser una película mínima, prácticamente una locación, cuatro personajes, la cosa está en cómo generar el arco narrativo dramático y las tensiones entre esos personajes. Fue un proceso lento, de trabajar a partir de detalles. Ni siquiera la capa más visible de una película que es la trama, la historia superficial, sino por debajo, en los gestos de ellos, sus silencios, la manera de moverse, de mirar, siempre hubo una impronta desde ese lugar al momento de escribir el guion. Está también el tema del régimen dictatorial que se construye a través del sonido porque las órdenes y los delineamientos vienen a través de una radio de comunicaciones. Se construye desde el sonido y esos personajes se fueron configurando de esa manera, por detalles. Los enterradores son dos personas solas tiradas en una selva que están conviviendo con un montón de muertos y la única conexión que tienen es una radio casera que quieren reparar para escuchar fútbol. Entonces fue todo un desafío construir el horror desde lo cotidiano. _Matar a un muerto tiene un elemento fantástico, ¿Cómo decidió incluir ese recurso en la película?Lo del animal que no sabemos muy bien qué es. Creo que es lo que sentimos en el presente. La dictadura en Paraguay no fue ni juzgada ni cerrada y sigue sobrevolando en todos los aspectos de nuestra sociedad, en la familia en las instituciones educativas y es como una cuestión omnipresente, fantasmagórica que se personifica en ese animal. Entonces se instala en ese mundo fantástico del horror que sigue estando allí y no lo podemos agarrar. Esa cuestión de que acecha como la dictadura que está ahí, como que respirándonos muy cerca. Pero también puede ser muchas otras cosas, según el espectador. _¿Existe actualmente un ‘boom’ del cine paraguayo?Estamos en una instancia que diez años atrás eran muy personales, ahora hay un proceso que se fue dando por la formación de la nueva camada de cineastas, de espacios de formación que se fueron creando. Es una suma de cosas que hace que ahora haya más películas en desarrollo. Estamos con un naciente instituto del cine que a partir de 2022 contará con fondos propios y una ley de cine que antes no teníamos. Creo que es la consecución de todo eso que la fuerza que vino desde atrás, de a poco, que fue configurando un universo nuevo para los paraguayos de llegar el momento de verse y escucharse en la pantalla.