Por Cuidateplus La gerascofobia o gerontofobia es el miedo irracional al envejecimiento. En su desarrollo interviene la actual imagen negativa de lo que implica ser una persona mayor. Desde siempre, el paso del tiempo ha preocupado al ser humano, es inevitable y ‘normal’. El problema viene cuando se convierte en una obsesión, con comportamientos relacionados con mantenerse joven, conductas evitativas de contacto con personas mayores o todo lo que pueda ser signo de envejecimiento, explica Jesús Escobar Real, psicólogo. Pedro Santamaría manifiesta que esta fobia específica se produce por “la aparición de un sesgo cognitivo, donde los atributos asociados a la vejez son todos negativos: enfermedad, soledad, pérdida, muerte, incompetencia, inutilidad, pobreza, dependencia, fealdad, etc.”. Síntomas de la gerascofobia El miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Castilla-La Mancha apunta que, como cualquier otra fobia específica, en esta se dan todos aquellos síntomas de un cuadro ansioso como palpitaciones, taquicardia, sudoración, temblores, dificultad para respirar y dormir, mareo, pensamientos intrusivos, sesgados y desadaptativos. Además, Santamaría apunta a la idea de que este miedo se refuerza de manera constante: “Por ejemplo, los cambios en la apariencia de uno mismo, la disminución de los reflejos, la pérdida de fuerza y movilidad, los cambios en los órganos de los sentidos o la alteración en algunos patrones de personalidad hacen que la persona sienta al mismo tiempo que envejece, que no puede evitar que suceda. Esto retroalimenta el malestar emocional y la ansiedad”. Más vulnerables Hay personas que, por sus características personales, pueden estar más predispuestas a desarrollar este trastorno que otras. Según especialistas de CuidatePlus, son más vulnerables las personas pendientes de su aspecto físico; con prejuicios negativos sobre la tercera edad; altamente narcisistas, que dan más importancia a los rasgos físicos que a los de personalidad. Entran también las personas con alto grado de autoexigencia, baja tolerancia a la frustración; con rasgos de personalidad ansiosa; con dificultades de gestión emocional o con antecedentes de trastornos de ansiedad; y con tendencia a la hipocondría. Como cualquier otra fobia, estos pacientes tienen que someterse a un tratamiento cognitivo-conductual. Mediante diferentes estrategias, se enseña a la persona a detectar los pensamientos, las emociones y las conductas relacionadas con este miedo y se analizan para poder sustituirlos por otros más funcionales y adaptativos. ¿Afecta también a los jóvenes? La gerascofobia se da también entre los jóvenes. En este sentido, Escobar destaca que es un trastorno que suele presentarse en la edad adulta, alrededor de los 30 años. El experto añade que es durante estos años cuando los padres pueden tener más problemas de salud, algo con lo que la persona tiene que convivir y saber manejar. Gerascofobia y midorexia Aunque la gerascofobia y la midorexia se encuentran dentro de los trastornos ansiosos, presentan una diferencia clave. Mientras que la primera se relaciona más con el pánico a envejecer, la segunda se basa en la obsesión por mantenerse joven. “Las personas con midorexia tienden a hacer ejercicio de forma exagerada, evitar ciertas comidas, esconder arrugas, reparar manchas de la piel, mantener estéticamente un cuerpo que aparente estar menos envejecido, así como vestirse, comportarse, hacer actividades o ir a lugares que socialmente se entienden como ‘de jóvenes’”, declara Santamaría. De acuerdo con Escobar, la midorexia afecta fundamentalmente a mujeres que, por sus cargas familiares y laborales, tuvieron que abandonar muchas de las actividades propias de la juventud y que luego quieren recuperar el tiempo perdido, lo cual no significa que tengan que tener necesariamente miedo irracional a envejecer. El especialista resalta que, si el aspecto físico no acompaña a estas personas, “su nivel de autoexigencia y perfeccionismo son altos y pueden desarrollar un problema de autoaceptación y ansiedad con la puesta en marcha de estrategias obsesivas por mostrar un aspecto joven y realizar actividades que no pudieron entre los 20 y los 40 años”. Las actitudes negativas hacia la gente mayor están relacionadas con estereotipos como el edadismo, que hace referencia a la discriminación por la edad. A los mayores, Escobar recomienda llevar a cabo las mismas estrategias de autocuidado que se le puede aconsejar a cualquier otro individuo. Algunas son practicar algo de actividad física; cuidar los factores de riesgo para la salud, como la alimentación o el consumo de tóxicos. Asimismo, sugiere fomentar la educación y formación continuada; y tener buena autoestima y capacidad de autoeficacia, así como de regulación de las emociones. Un punto importante es atender el aspecto cognitivo y mental.