Parece que la sociedad en su fin voraz por conseguir dinero y poder, hace lo que sea con tal de conseguir lo que quiere, y entre esas cosas, piensa cómo aprovecharse del otro, cómo sacar ventaja, en otras palabras, piensa cómo hacer sufrir al otro. Porque no estamos hablando del trabajo justo que debe pagarse, de la normalidad de un acuerdo comercial, sino del trato injusto que lleva a aprovecharse del necesitado, tanto en temas laborales como en temas interpersonales.
En este sentido se crea un clima que lleva a pensar mal de nuestro prójimo. Y esa experiencia del hacer sufrir al otro es tan desagradable que por eso las sociedades terminan viviendo desde el prejuicio. Nos da miedo que se nos acerquen porque algo nos pueden hacer. Se camina con temor por la vida y con violencia.
Pero en esa realidad nada gustosa, nos aparece una luz en la oscuridad, encontramos personas que sirven de verdad. Gente bonita con corazón dulce. Líderes del bien. En una empresa donde usualmente las cosas podrían ser mejor, el líder de algún departamento no hace bien las cosas, hasta que por fin llega uno nuevo y empieza a transformar el ambiente. Es un nuevo líder que acompaña, apoya, orienta y favorece el ambiente. Pensar en las necesidades de quienes tienes a cargo, te ayudará a hacer feliz y a ser feliz.
Con un buen líder se rompe el pensamiento destructivo, se abren nuevos horizontes, las personas que ven un líder que ejerce el bien, terminan apostando por el bien. Se suman a la buena propuesta. Por eso la invitación de este artículo tiene que ver con educar nuestro pensamiento. El pensar como un líder de bienestar, te pondrá en la mejor posición.
Hay unos milagros que Jesús hizo que llaman la atención porque no le pidieron que sanara a nadie. Más bien él se adelanta y los sana. “Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de este postrada en cama con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó, y ella se levantó y se puso a servirle” Mateo 8:14-15. El que se acostumbra a pensar bien, se hace un líder del bien. Es el primero en hacer el bien. Y por eso sin darse cuenta donde llega transforma el ambiente.
Quisiera hablar de una mujer que siempre que la visito la veo ocupada, pero no fatigada. Usualmente la veo sonreír, es una mujer que tiene su esposo y sus hijos. Siempre la veo hacer el bien. Su esposo, cuando ella no está por ahí, habla muy bien de ella. La ve con admiración. Ha aprendido a hacer el bien y a estar bien. No se trata solo de servir, sino que ese mismo bienestar que hace la envuelve y la mantiene en armonía.
Cuando uno tiene rabia puede imaginarse cosas negativas e irse por el camino del pensamiento destructivo. Y puede alcanzar a pensar y desear el mal al prójimo. Sin embargo, es ahí donde nos toca detenernos y decir con oración, “que brille tu rostro, Señor, y nos salve” Salmo 79. Necesitamos darle luz al pensamiento y no quedarnos en las sombras que nos hacen pensar de forma equivoca y dolorosa. No se puede consentir ese diabólico pensamiento de desear el mal. Toca cortarlo con la luz de Dios.
Hoy un acto sorpresivo que haga el bien al otro, es todo un volcán de felicidad. Cuando nos tratan bonito, cuando nos piensan y cuando nos ayudan a resolver una necesidad, es cuando el corazón queda sin palabras y solo puede contemplar la caridad. Necesitamos ser líderes de la bondad. Los enamorados, cuando están en conquista, son los mejores líderes del bien. Pero esa misma actitud es la que debemos incendiar en nuestros hogares, con nuestros vecinos. Con el vigilante del lugar donde vivimos. Ellos a veces pasan muchas horas sin poder ir a su casa. Y hay quienes les brindan comida, quienes piensan no solo en su beneficio sino en el del otro. Ese es el pensamiento que hay que cultivar.
Mi querido lector: hoy tenemos un reto maravilloso, con quienes queremos y con los que no nos quieren. Servirles y hacerles el bien, porque necesitamos darle cariño aun a los que nos han atacado. Jesús murió por todos y es tiempo de amar a Dios en los hermanos.