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Qué hacer con Lara

Sabado, 17 de enero de 2026 a las 04:00

Desde el momento en que juró al cargo, Edmand Lara ha incumplido su principal deber vicepresidencial, que consiste en “coadyuvar con la Presidenta o el Presidente del Estado en la dirección de la política general del Gobierno.”

Así lo manda el inciso 4° del Artículo 174 de la Constitución Política del Estado. Coadyuvar significa apoyar de una manera cooperativa. No significa de ninguna manera poner múltiples obstáculos, no solo a la dirección, sino a la ejecución de las políticas del gobierno presidido por Rodrigo Paz.

La ambición desmedida de Lara le impide medir sus actos.

Cree que coadyuvar consiste en declarar altaneramente que el presidente Rodrigo Paz ha recibido un preaviso de despido por parte de los bloqueadores, que hay que alentar todos esos bloqueos, que él mismo es el principal opositor del presidente y que le toca ser presidente ahora mismo. Así lo proclama, por ser, según su propio recuento, el que más votos sacó en la pasada elección.

Eso es mucho más que un incumplimiento de deberes vicepresidenciales.

Es un sabotaje abierto a la gestión del gobierno del cual Lara aceptó formar parte cuando aceptó ser parte del binomio Paz-Lara. Aceptar ser parte de un binomio es suscribir un contrato verbal, lo que se ratifica en múltiples ocasiones durante la campaña electoral.

No se trata de cualquier contrato, sino de un acuerdo formal para proponer y en su caso ejecutar de manera conjunta y coordinada una gestión de gobierno a favor de toda la población. Lara no lo entiende así. Demuestra una total incapacidad de convertir su ímpetu emotivo en un servicio al país, o por lo menos en algo útil para su propia carrera política.

La virulencia virtual de Lara

Lara confunde su presencia en medios sociales con sus obligaciones de estado. Es capaz de exponer situaciones íntimas ante el gran público con tal de aumentar el número de sus seguidores en las plataformas sociales.

Su presencia en medios sociales revive y refuerza la cultura irreflexiva promovida por el MAS. Apunta a todo lo contrario de formar ciudadanos autónomos, responsables y tolerantes, que es lo que la democracia requiere para durar en el tiempo. Esta es la principal tarea que debemos cumplir para que no se caiga nuestro tambaleante proyecto democrático.

Muy al contrario, los seguidores de Lara se convierten en autómatas. Renuncian al esfuerzo de pensar por sí mismos. Son iguales a los millones de ovejas que adoran a Evo como a un pastor. Miles de idiotas se convierten rápidamente en sus “followers.” Lo siguen como ovejas solo porque se autonombra “influencer” y porque se arroga el papel de pastor de un rebaño inconsciente.

Es paradójico que el impresionante avance tecnológico del mundo digital mantenga atrapados en la cultura política del populismo a muchos votantes carentes de un pensamiento propio. Lara apela a la nostalgia por un pasado que la mayoría de los votantes rechazó en la última elección. 

La adicción a Tik Tok

La base de Lara es virtual. Consiste en cientos o miles de adictos que pasan horas en Tik Tok. Saltan de un video de menos de dos minutos a otro igualmente corto e impactante. Esta absorbente lluvia de videos no requiere el menor esfuerzo por parte de los que la disfrutan.

La adicción al Tik Tok genera un público cada vez menos capaz de concentrarse en una idea. Forma personas que viven todo el día con la ansiedad enfermiza de volver al Tik Tok. Los adictos caen fácilmente en el vicio de esperar sin aliento los próximos desplantes de cualquier figura bravucona.

Hay dos maneras de frenar a Lara

Lo mejor es ignorarlo. Eso es lo que está haciendo el gobierno del presidente Rodrigo Paz. Lara cava su propia tumba con cada declaración que hace en Tik Tok. La gente de criterio abomina sus ataques al gobierno. Los opositores se dan cuenta de que esos ataques generan más apoyo al presidente Paz.

Los que usan a Lara para sus propios objetivos no se dan cuenta que Edmand se ha convertido en el símbolo viviente del populismo que fue ampliamente derrotado en las pasadas elecciones. Con cada declaración aumenta el rechazo a todo lo que significó Evo Morales y el MAS.

Hasta el momento Lara es una especie de mosquito que no deja en paz al gobierno. Si en algún momento llegara a convertirse en un verdadero peligro, existe un remedio constitucional para sacarlo del camino. Ese remedio equivale a matar un mosquito con una bomba atómica.

La solución final al problema de Lara

Lo que hoy está en juego es la recuperación plena de la democracia y la derrota definitiva de los abusadores y malversadores que ansían retornar al poder calentándole las orejas al vicepresidente.

Los que atizan la innegable ambición presidencial de Lara no se dan cuenta de que el incumplimiento de deberes es un delito tipificado en el Artículo 154 del Código Penal y en la Ley N° 004 Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Esta normativa sanciona al servidor público que omite, rehúsa o retarda un acto que es propio de sus funciones. En este caso se trata del repetido incumplimiento del deber vicepresidencial de Lara de coadyuvar al presidente en sus funciones.

Si llegara el caso de que Lara fuera más allá y realmente amenazara la estabilidad del gobierno, habría que aplicarle lo prescrito en el Inciso 4° del artículo 184 de la Constitución Política del Estado, que señala la siguiente atribución del Tribunal Supremo de Justicia:

“Juzgar, como tribunal colegiado en pleno y en única instancia, a la Presidenta o al Presidente del Estado, o a la Vicepresidenta o al Vicepresidente del Estado, por delitos cometidos en el ejercicio de su mandato. El juicio se llevará a cabo previa autorización de la Asamblea Legislativa Plurinacional, por decisión de al menos dos tercios de los miembros presentes, y a requerimiento fundado de la Fiscal o del Fiscal General del Estado, quien formulará acusación si estima que la investigación proporcionó fundamento para el enjuiciamiento. El proceso será oral, público, continuo e ininterrumpido. La ley determinará el procedimiento.”

Esta medida es claramente excesiva para remediar la intemperancia verbal de Lara. Si se la aplica antes de tiempo no hará otra cosa que convertirlo en una víctima. Hay que reservarla para el caso extremo y poco probable de que Lara se dé modos de poner en peligro la estabilidad del gobierno.

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