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El Espíritu de Dios

Viernes, 14 de noviembre de 2025 a las 04:00

Estimados lectores hoy vamos a hablar del Espíritu Santo, una de las tres personas de la santisima Trinidad. Y por eso quisiera iniciar con la siguiente frase de Jesús sobre el Espíritu de Dios: “El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Juan 3:8:


Cada vez que leo esta frase me lleno de entusiasmo, porque entiendo que el Espíritu sigue actuando y creando. Que Dios es libre y que su Espíritu nos hace libres. Cuando me encuentro con personas llenas de entusiasmo que quieren crear cosas nuevas, veo manifestada la acción del Espíritu. Y hoy quiero que pensemos ¿qué tanto entusiasmo y disposición hay por vivir los nuevos vientos de Dios en nosotros?  Dios es tan creativo que la vida no es monótona. Una persona del Espíritu es alguien que siempre encuentra admiración. Siempre oye el sonido del Espíritu. 


Oír el sonido del Espíritu es escuchar las mociones espirituales, es decir, las buenas ideas que hay en el corazón, los deseos de hacer obras que sirvan para el bien común. Quiero ponerles un ejemplo: hace unos años dirigiendo un retiro, un expositor dio una charla muy valiosa sobre el nacer de nuevo. Y al terminar nos pidieron dialogar con dos personas, sobre nuestras impresiones. Con la primera persona que dialogué, decía cosas muy negativas, criticaba todo, hablaba mal, se sentía aburrido. Pero fui descubriendo que no estaba criticando al ponente, sino que así venía. Estaba enojado con algo, pero en el retiro, todo le fastidiaba. Y por el contrario, cuando conversé con la segunda persona decía, que había pensado en lo valioso que era nacer de nuevo, que es una ganga, que es maravilloso, que Dios a uno lo perdone y poder resarcir los errores y emprender nuevas experiencias. La felicidad de esta segunda persona era contagiosa.  


Indudablemente el Espíritu siempre suena, pero existe la libertad de escucharlo. Podemos quedarnos como la persona numero uno, solo pensando en lo negativo que traemos, arrastrando y proyectando en los demás nuestros tormentos. Pero la verdad, la charla sobre el nacer de nuevo fue admirable, solo que cada quien decide leer, ver y escuchar con entusiasmo o con el enojo que le acompaña. 


Cuando uno oye con admiración, todo le sirve. Hasta de los más desacertados, uno puede sacar una enseñanza. Una de mis canciones más escuchadas, nació después de ver las noticias que hablaban de una terrible situación en la ciudad donde residía. Me dolió ver noticias de violencia, y decidí componer algo contrario, una melodía alegre, a un pueblo sufriente. Y cuando saqué la canción en medio de acordes y ritmos afrocolombianos, pensé que era una canción más, pero me llevé la sorpresa, que la gente la asimiló con mucho entusiasmo. Y recordé que esa canción era una propuesta contraria a los hechos de violencia que había visto en el noticiero. La canción se llama Nace el sol. 


Jesús se encuentra con un fariseo, un hombre formado en la ley e intérprete de la escritura. Y le dice “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.


Y es que el nacer del Espíritu de Dios, es no absolutizar la tristeza, la violencia, o mantenerse en el pesimismo. Cuando una madre da a luz a su hijos siente dolores muy fuertes. Pero luego tiene en sus brazos la vida. Cuando uno decide no quedarse viviendo desde el negativismo, entonces emprende y sueña por lo mejor. El que tiene ánimo, es un oyente del sonido del Espíritu de Dios. El que todo lo ve negativo es porque necesitar afinar su oído y escuchar la buena noticia del Espíritu en su propia vida. Porque uno no puede vivir feliz sin la novedad del Espíritu, lleno de prejuicios y de amargura. Un hombre del Espíritu de Dios, se sobrepone a los acontecimientos incoherentes y busca crear, sigue soñando y se lanza a vivir con libertad. 


Que nuestra sonrisa sea signo de humanidad y no para reírnos de los demás.


Que nuestra mirada sea para aprender y no solo para juzgar. 


Que nuestro oído escuche las inspiraciones que nos dan felicidad.


Y que no escuchemos las voces del orgullo y la vanidad. 


Su amigo.
 

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