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Cara a cara

Miércoles, 19 de noviembre de 2025 a las 04:00

 La recomposición de las relaciones entre Bolivia y Chile exige un viraje estratégico tras los estrepitosos fracasos diplomáticos de la era prolongada de Evo Morales y la posterior completa inacción del gobierno de Luis Arce. El desafío principal es abandonar la retórica confrontacional que redujo la agenda bilateral a un solo tema, -el marítimo- e invisibilizó oportunidades de cooperación bilateral práctica. La nueva etapa debe enfocarse en un diálogo pragmático, orientado a generar beneficios tangibles para ambas naciones. 


 Un primer paso es reconstruir la confianza política mediante mecanismos estables de comunicación a través de comisiones técnicas, reuniones periódicas de cancillerías y agendas compartidas en áreas donde existen intereses convergentes como el comercio, transporte, la gestión del litio, las energías renovables y la lucha contra el contrabando. Estas acciones no sustituyen el debate sobre los temas históricos, pero permiten avanzar sin quedar atrapados en ellos.


 Igualmente importante es despolitizar la relación. Bolivia debe comprender (y aceptar) que la vía judicial ya produjo resultados definitivos y que insistir en esa estrategia solo profundiza la distancia. Chile, por su parte, puede contribuir mostrando disposición a facilitar acuerdos prácticos en materia fronteriza, integración vial o cooperación portuaria. Finalmente, la diplomacia debe involucrar a actores económicos, académicos y sociales capaces de sostener la relación más allá de los cambios de gobierno. Una política exterior madura no se define por gestos grandilocuentes, sino por su capacidad de generar estabilidad y desarrollo. 

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