La gira de Rodrigo Paz por Estados Unidos marca el primer gesto de un nuevo tiempo político y económico. Desde Washington, el presidente electo no solo buscó financiamiento, sino que envió un mensaje claro: Bolivia debe volver a hablar con el mundo. Lo hizo con una frase dura —“Bolivia está arrasada”— que retrata el punto de partida de su gestión y el tamaño del desafío.
Mientras tanto, se van confirmando los nombres que acompañarán la ceremonia del 8 de noviembre. Estarán presentes líderes de proyección continental como Javier Milei, Gabriel Boric, Nayib Bukele y el rey Felipe de España, entre los más mediáticos. Otros, como Nicolás Maduro o Miguel Díaz-Canel, no llegarán, y quizá nadie los extrañe: su ausencia simboliza el fin de un ciclo político al que Bolivia también le está diciendo adiós.
El proceso de transición avanza con normalidad. Los equipos técnicos de ambos gobiernos están por concluir el traspaso de información sobre los ministerios, con orden, transparencia y respeto institucional. Es un hecho poco común en la historia reciente, pero necesario para iniciar una etapa que devuelva previsibilidad al país. Si el tono del inicio se mantiene, Bolivia podría recuperar algo que había perdido: la confianza en la institucionalidad.