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Cara a Cara

Miércoles, 12 de noviembre de 2025 a las 06:00

El servicio de transporte público en Santa Cruz de la Sierra es, sin lugar a dudas, uno de los principales problemas urbanos que arrastra la ciudad desde hace décadas. A pesar de su crecimiento vertiginoso, el sistema de micros y trufis sigue siendo caótico, obsoleto y carente de planificación. Las calles se inundan de vehículos viejos, contaminantes y en mal estado, conducidos sin capacitación ni respeto por las normas básicas de tránsito. Las paradas son inexistentes o improvisadas, y los usuarios -en su mayoría trabajadores, estudiantes y adultos mayores- deben soportar largas esperas, hacinamiento y condiciones indignas para movilizarse cada día.

El transporte público cruceño funciona prácticamente sin regulación efectiva. Los sindicatos y cooperativas operan bajo un esquema corporativo que antepone intereses particulares al bienestar ciudadano, frenando cualquier intento de modernización. Los proyectos de reordenamiento urbano y de implementación de un transporte masivo -como los BRT o sistemas integrados- han quedado estancados entre la burocracia, los conflictos políticos y la falta de voluntad real para cambiar un modelo que beneficia a pocos y perjudica a todos.

Esta postergación permanente ha tenido consecuencias graves: el tráfico es cada vez más insoportable, la contaminación aumenta, y la ciudad se vuelve menos habitable. Mientras tanto, otras urbes del país y la región avanzan hacia sistemas más sostenibles, con buses eléctricos, rutas planificadas y tecnología de seguimiento. Santa Cruz, en cambio, sigue atrapada en un transporte del siglo pasado, símbolo del desorden urbano y de la falta de visión metropolitana. Transformar este sistema no es solo una necesidad técnica: es un acto de justicia social y de compromiso con el futuro de la ciudad.

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