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Cara a Cara

Lunes, 03 de noviembre de 2025 a las 07:00

- El juramento de Rodrigo Paz será recordado como un acto histórico porque marca el fin de una larga etapa de desencuentros y decadencia institucional. No se trata solo del relevo de mando, sino del cierre de un ciclo político que dejó a Bolivia atrapada en la desconfianza y el agotamiento. La ceremonia del 8 de noviembre no es, pues, un simple protocolo democrático: es el punto de partida de un intento de restaurar la credibilidad del Estado, reconciliar al país y abrir una nueva relación entre ciudadanía y poder.

-Se va el gobierno más impopular desde el retorno de la democracia, un mandato que no supo administrar la crisis económica ni el desgaste de un modelo agotado. Las promesas de estabilidad se desmoronaron ante la falta de resultados, la corrupción y la confrontación política. La gente no solo expresó su rechazo en las urnas, sino en la pérdida total de confianza en las instituciones, en la justicia y en la palabra oficial. Esa erosión de legitimidad es el verdadero balance de una gestión que se va sin respaldo ni relato.

-Habrá que ver si Rodrigo Paz logra hacer historia como en su tiempo lo hizo Víctor Paz Estenssoro: reconstruir la democracia y reencaminar la economía nacional. Las condiciones son adversas, pero el momento es propicio para un liderazgo que combine visión, coraje y capacidad de diálogo. La historia no se repite, pero a veces se redime. Lo que empieza ahora no es una simple transición de poder: es una oportunidad única para devolverle a Bolivia la esperanza en sí misma.

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