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Educación en ciberseguridad: por qué el factor humano es la primera línea de defensa ante las amenazas digitales

Miércoles, 18 de febrero de 2026 a las 09:38

Por Redacción

Aunque los avances tecnológicos prometen defensas cada vez más sofisticadas, la realidad demuestra que el eslabón más vulnerable —y al mismo tiempo más decisivo— sigue siendo la persona

Vivimos en un mundo de amenazas invisibles, donde la vida cotidiana, el trabajo y la economía dependen de sistemas digitales, es por eso que la ciberseguridad ha dejado de ser un asunto exclusivamente técnico para convertirse en un desafío profundamente humano. Aunque los avances tecnológicos prometen defensas cada vez más sofisticadas, la realidad demuestra que el eslabón más vulnerable —y al mismo tiempo más decisivo— sigue siendo la persona.

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) advierte que el 95% de las violaciones de datos registradas en 2024 estuvo relacionado con errores humanos, una cifra que revela una verdad incómoda: ninguna tecnología es suficiente si quienes la utilizan no cuentan con la formación adecuada. En este escenario, la educación en ciberseguridad emerge como un pilar estratégico para la resiliencia digital global.

El límite de la tecnología sin educación

Durante años, la narrativa de la ciberseguridad se centró en firewalls, antivirus, inteligencia artificial o, más recientemente, computación cuántica. Sin embargo, el WEF sostiene que las defensas más avanzadas fallan cuando los usuarios no comprenden los riesgos ni saben reaccionar ante amenazas como el phishing, la suplantación de identidad o los deepfakes.

Marcelo Pacheco, director de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), señala que la sofisticación tecnológica también ha elevado el nivel del engaño digital. “Actualmente, existen tecnologías capaces de generar réplicas digitales casi idénticas a una persona. Esto hace que la suplantación de identidad sea cada vez más difícil de identificar y ocurra con mayor frecuencia”, explica.

El WEF plantea que la formación en ciberseguridad no debe limitarse a especialistas en tecnologías de la información. El objetivo, subraya, es reducir la brecha entre expertos y el resto de la fuerza laboral, incorporando la seguridad como parte de la cultura organizacional y ciudadana.

En Bolivia, esta necesidad es evidente. La División de Cibercrimen de la FELCC reporta entre dos y tres denuncias diarias por fraudes digitales solo en La Paz, muchas vinculadas a compras falsas, ofertas laborales inexistentes o inversiones en criptomonedas fantasma. La mayoría de estos delitos se aprovecha del desconocimiento y la confianza de los usuarios.

Para Pacheco, “la prevención será la mejor arma contra los ciberdelincuentes. Las empresas y los usuarios deben capacitarse en buenas prácticas digitales y contar con protocolos claros de seguridad”. Esta formación, añade, debe extenderse también a los hogares, ya que niños y adultos mayores son blancos frecuentes de estafas.

Inteligencia artificial y ética: un nuevo desafío educativo

Uno de los aportes centrales del análisis del WEF es la advertencia sobre el impacto de la inteligencia artificial en el comportamiento humano. La IA no solo automatiza ataques, sino que difumina la responsabilidad, facilitando que las personas deleguen decisiones críticas a sistemas cuya lógica no comprenden plenamente.

Walter Jaime Mayorga Benavides, coordinador del Diplomado de Ciberseguridad en Postgrado de Unifranz, coincide en que la IA es un arma de doble filo.

“La inteligencia artificial facilita ataques más sofisticados, pero también fortalece la detección temprana de amenazas mediante automatización y análisis predictivo”, afirma. Para el académico, el reto está en formar profesionales y ciudadanos con criterio ético, capaces de cuestionar los resultados que produce la tecnología.

Tanto el WEF como los especialistas de Unifranz coinciden en un punto clave: la ciberseguridad es un bien público. No puede recaer únicamente en gobiernos o grandes empresas, sino que requiere educación continua, cooperación institucional y una ciudadanía digitalmente consciente.

Un firewall humano para el futuro digital

Las amenazas digitales no desaparecerán. Por el contrario, serán cada vez más complejas y difíciles de detectar. Frente a este panorama, la educación en ciberseguridad se consolida como la defensa más efectiva y sostenible. No se trata de convertir a todos en expertos técnicos, sino de formar ciudadanos críticos, informados y responsables.

Como plantea el Foro Económico Mundial, la tecnología es indispensable, pero insuficiente. El verdadero escudo frente a los ciberataques será siempre el mismo: personas capacitadas, conscientes y éticamente preparadas para habitar el mundo digital.

 

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