Les encantan los juguetes y electrónicos, pero no es lo único para lo que tienen cabeza. En el corazón llevan otras inquietudes, que cuando se traducen en listas de regalos, desconciertan con la mezcla de picardía y pureza.
En su Navidad, la pequeña Amara Nieme (7) tiene una ambiciosa lista de regalos: Cuatro peluches de baby Yoda; a falta de uno, tres dormitorios nuevos; y un reloj Apple Watch.
El último de sus deseos, resumido en diez palabras, hace tragar fino. “Cabello nuevo para mi tía Bárbara y que esté sanita”, escribió su carta al cielo.
Farid Nieme (9), también tiene su pedido listo: Una mesa de pimpón, cuatro airpods, ir a la final de la Champions, y tener un hermanito. “Este año he sido un buen niño”, garantiza.
En la misma línea, Julián Saldaña (9) jura que se ha portado muy bien este 2022, así que, sin anestesia, da a conocer su demanda: “Una moto de 50 cilindradas, y si no te alcanza, podés sacar de mi plata”, le aclara a ‘Papá Noel’.
En su breve carta, Julián cierra con broche de oro sus sueños para el año que inicia, “que mi mamá se mejore”, escribe sobre su progenitora, que se recupera del cáncer.
Y como diciendo que estará atento al cumplimiento de sus pedidos, se despide: “Te espero”.
El fútbol es uno de los grandes temas navideños de Zaira Mojica (9). Su misiva inicia pidiendo que “Messi no se retire de Argentina”, pero luego continúa hablando de la pandemia. “Que el Covid-19 se acabe, que todos tengamos salud”.
Zaira también piensa en los niños y padres que la pasan mal en este tiempo, pide que los niños tengan más oportunidades, que sus padres, y toda su familia, tengan trabajo.
Por último, anhela ver a su abuelo y bisabuelo, al menos a través de un sueño.
Con la irrupción de la pandemia, para Ema Nacif (7) la salud también es un tema de plegaria navideña. “Que todo el mundo tenga salud, que todas las personas que están en el hospital se recuperen”, escribió.
Pero no es su única añoranza, Ema también recordó a su abuelo en esta fiesta, a quien perdió debido al coronavirus. “Que mi abuelito esté mirándome y acompañándome todos los días”.
Su madre, la influencer Ximena Zalzer, valoró que uno de los grandes obsequios de este 2022 ha sido pasar más tiempo con Ema. “Día a día me sorprende y me enseña muchas cosas. La Navidad es de ellos, y me hace tan feliz verla crecer con una visión de la realidad totalmente clara”, celebró.
Todos los niños citados antes son hijos de un mismo grupo de mujeres, grandes amigas, a las que este año tocó afrontar tiempos duros. Algunas perdieron seres queridos por el coronavirus, otras, como Bárbara Cronenbold, están peleando contra el cáncer.
Todo este trance ha ocurrido ante los ojos de sus niños que, marcados por las dificultades, las acompañan con sus oraciones, disfrazadas como cartas.
Abuelos
Igual que otros niños, para Adriana Ferrero (5) la figura de sus abuelos es digna de profunda huella y devoción.
Cuando le dijeron que hiciera su carta navideña, respondió que no sabía qué pedir porque siente que lo tiene todo, y que prefiere que ‘Santa’ la sorprenda. Pero después de pensarla mejor, recordó a importantes seres en su corta vida.
“Que mis abuelos no fallezcan, que no pierdan la vista, que sus corazones estén felices, que todos los niños siempre tengan siempre a sus abuelos”, suplicó.
Adriana perdió a su abuelo materno hace dos años, y después del deceso seguía mostrando un apego muy fuerte con él. Según su mamá, la diseñadora de modas Adriana Echeverría, en casa nunca fueron muy amigos de hablar de temas sobrenaturales, y sin embargo, la niña no paraba de mencionarlo y de mostrar una conexión poderosa con él.
En 2021, la pequeña también perdió a su abuela paterna, por eso, entre sus plegarias de niña, su gran prioridad son los abuelos. Hoy tiene dos, a los que saca el máximo partido, y por los que pide a Dios.
“Ella es un torbellino de amor, es paz en medio de una guerra. Es así, tal cual la pedí”, dedicó unas líneas la diseñadora a su hija, que justo cumplió años tres días antes de la Nochebuena.
Amada Vidaurre tiene 16 años, nació en Bolivia, pero desde los 15 radica en Buenos Aires, junto a su hermano mayor y su papá.
Desde febrero no ve a su mamá y a sus abuelos, por eso su deseo navideño es que estén sanos y verlos lo antes posible. “Que estén saludables, con estabilidad económica, que la inflación no aumente, y quisiera viajar a Bolivia varias veces”, compartió.
Para Amada, el cambio de residencia ha sido notorio. Siente que en Argentina la Navidad no se siente tan familiar como en su país natal, y será la primera fiesta de fin de año lejos de su patria, de su madre y de sus abuelos.
Arbolito
Iván Velasco tiene seis años. Desde que nació ha pasado por cinco cirugías en la cabeza debido a un teratoma, le falta la sexta, pero aún faltan los recursos.
En esta Navidad, tanto el pequeño como su mamá quieren olvidarse de médicos, hospitales y remedios. Solo tienen un deseo, un arbolito que les encienda el espíritu, adormecido por tanto problema y carencia. El que tenían se rompió.
La mamá de Iván no podrá darle regalos, este año tuvieron muchas complicaciones económicas, pero sueña con que alguien le obsequie un árbol de Navidad con todos sus adornos y, por supuesto, si se puede, también un juguete.
Kenia Escobar tiene seis años, un hermanito de cuatro, y una mamá que los saca adelante en soledad.
Quiere una casa de muñecas con toda una familia adentro, perros incluidos, y hasta los hijos de las mascotas. Sin embargo, Kenia no deja de pensar en su hermano menor; quiere que sí o sí el ‘surrapo’ de la casa reciba algún detalle especial de ‘Papá Noel’, como la llamada de su papá. Lo extrañan.
Héctor (4) Escobar, hermano de Kenia, pidió un carro “millonario” y un gato negro, pero también confesó que le gustaría “compartir con toda su familia, hermanita, abuela, y que en el planeta todos tengan una familia con la que disfruten”.
Lidia García tiene ocho años, es la mayor de cuatro hermanos, uno de ellos de pocos meses.
Desde el año pasado, la vida de esta pequeña y de toda su familia dio un vuelco radical cuando la mamá fue diagnosticada con cáncer de útero.
Estaban pagando una casa en Montero cuando tuvieron que priorizar el tratamiento oncológico y mudarse temporalmente a la capital cruceña. El papá de Lidia dejó el trabajo, para vender gelatina y bolos en el hospital, y así cubrir los costos mínimos de la curación.
Perdieron el hogar familiar, y tuvieron que vivir ‘de favor’, por algún tiempo, en la casa de un familiar por la zona Virgen de Luján.
Hoy, con el tratamiento avanzado, la familia de la niña regresó a Montero. Viven todos juntos en un cuarto en alquiler, y al lado del colegio, para ahorrarse los pasajes escolares.
Como hermanita mayor, Lidia siente que es la voz autorizada para emitir sus deseos más profundos de Navidad.
“No quiero ropa ni zapatos, ninguno de esos lujos. Lo que sí pediría a Diosito es que me proteja a mi mamita, que la cuide, que no la suelte de la mano. También deseo que mi mamá deje de estar triste porque nosotros estaremos bien. Que ella sane, eso sería una gran Navidad para mí”, pidió.
Educar en tiempos duros
Si bien la población tiene la sensación de que los actuales son tiempos difíciles, no solo para los adultos, sino también para los niños, el educador Álvaro Puente ve en la época una oportunidad para nuevos despertares, sobre todo de sensibilidad social, y que los pequeños pueden beneficiarse con esto. Quizás en eso radica la profundidad de los deseos navideños de los pequeños.
Puente opina que la pandemia ha sido más dura con los niños porque han sufrido desde el encierro hasta pérdidas familiares y situaciones de violencia, y que con los intentos de retorno a la normalidad se les está devolviendo un poco de lo robado por el virus.
“Ahora llevamos un tiempo duro, pero la vida trae estos tiempos duros. Los niños en Ucrania llevan meses sin clases, y les quedan más, pero están aprendiendo la vida de una manera terriblemente profunda y van a ser sabios en muchas cosas, saben lo que es el dolor, la solidaridad, el valor, la muerte, la maldad humana, van a saber mil cosas de las que todos deberíamos saber un poco”, argumentó.
Para el educador, lo importante no es solo lo que enseña el colegio, sino cómo los niños aprenden de la vida, para la vida. “Ojalá sepamos enseñar esto a los chicos para que se convierta en sabiduría, no solo en dolor”, exhortó.