Cochabamba amaneció este sábado con un despliegue de creatividad y tradición en el Corso de Corsos 2026, la entrada que marca el cierre del Carnaval en la Llajta. Dragones, superhéroes y personajes de ficción compartieron el recorrido con danzas folclóricas tradicionales del país, en una jornada donde la fantasía y la cultura llenaron las calles de música y color.
El recorrido, de poco más de cuatro kilómetros, desde la calle Belzu y avenida Heroínas hasta la avenida Ramón Rivero y Luis Quintín Vila, reúne a 144 agrupaciones entre carrozas, comparsas, fraternidades y unidades militares, que convirtieron la jornada en una verdadera maratón cultural.
La comitiva municipal abrió oficialmente el desfile. En el palco principal estuvo el alcalde Manfred Reyes Villa, quien destacó la magnitud del evento y señaló que la ciudad busca mostrar su mejor imagen para recibir a invitados de todo el país.
“¡Una gran fiesta la que se vive en Cochabamba! Así vivimos el Corso de Corsos, con un gran despliegue de alegría, baile y cultura boliviana. ¡Qué viva Cochabamba!”, publicó Reyes Villa en sus redes sociales.
Tres bloques del Corso
El primer bloque estuvo integrado por carrozas y comparsas urbanas y tradicionales, que apostaron por temáticas contemporáneas y escenografías llamativas.
El segundo bloque fue de las unidades militares, que desplegaron cerca de 50 grupos con coreografías y carros alegóricos que arrancaron aplausos a lo largo del trayecto. Este segmento deleito a los espectadores con caracterizaciones de dragones por el año Nuevo Chino, mosquitos gigantes, superhéroes, personajes de películas y videojuegos, e incluso figuras políticas que llenaron las calles de alegría.
El tercer bloque está conformado por 70 fraternidades folklóricas que llenan la ruta con diferentes danzas como caporales, morenadas, tinkus, salay, e incluso ch’utas y pepinos, entre otros.
Seguridad y logística
En materia de seguridad, la Alcaldía desplegó cinco puntos fijos de emergencia con 180 funcionarios, mientras que la Defensoría de la Niñez habilitó cuatro “puntos seguros” donde se distribuyeron manillas para prevenir el extravío de menores.
Más de 1.000 módulos entre sillas y graderías fueron instalados a lo largo del recorrido para recibir a miles de espectadores.
La Intendencia Municipal fijó precios para evitar excesos: las graderías deben costar entre 80 y 180 bolivianos, mientras que las sillas oscilan entre 50 y 150 bolivianos. Las autoridades advirtieron que quienes incumplan estos parámetros podrán ser sancionados con la pérdida del espacio en futuras versiones.