25 estudiantes de tres carreras profesionales de la Universidad Franz Tamayo demostraron que el modelo educativo de Aprender Haciendo tiene impacto social y puede generar desarrollo en municipios y comunidades rurales. Esta vez lo lograron en el municipio de Cocapata (Cochabamba) dando valor agregado a la producción de trucha, mediante un modelo de gestión empresarial, un proyecto de negocios, que incluía la identidad de la marca y también a través de la fabricación de un alimento balanceado para los peces a partir de las escamas de la misma trucha.
El proyecto de industrialización de trucha fue desarrollado por estudiantes de cuarto y quinto semestre de la carrera de Administración de Empresas, en articulación con estudiantes de la carrera de Bioquímica y Farmacia y también de Diseño Gráfico, como respuesta a una demanda concreta de productores de este municipio de la provincia Ayopaya a 124 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, que buscaban fortalecer la cadena productiva de la trucha mediante una planta de faenado que cumpla estándares sanitarios nacionales e internacionales.
Simay Vera, directora de la carrera de Administración de Empresas, explica que la iniciativa surgió en el marco de un programa impulsado por la Gobernación de Cochabamba para fortalecer la producción acuícola en la región.
“El proyecto permitirá fortalecer la economía local, facilitar el acceso a mercados más exigentes y brindar valor agregado al sector piscícola del municipio de Cocapata”, señala.
El diagnóstico reveló que el faenado de trucha se realizaba de forma improvisada, convirtiéndose en un cuello de botella para la comercialización. A partir de ahí, los estudiantes diseñaron una propuesta integral alineada a normas del Servicio Nacional De Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) y el Instituto Boliviano de Normalización y Calidad (Ibnorca), con una visión de mercado local, nacional e incluso de exportación.
Bolivia produce cerca de 241 toneladas de trucha al año, mientras que la demanda interna supera las 2.500 toneladas (datos del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural al 2024). En Cochabamba, municipios como Cocapata, Morochata, Sacaba y Colomi concentran una parte de esa producción, pero enfrentan dificultades para acceder a mercados competitivos debido a la falta de faenado certificado, marcas consolidadas y cadenas de frío.
En este contexto, la industrialización y el valor agregado —como filetes, trucha ahumada, conservas o paté—, junto con el turismo gastronómico y la pesca deportiva en represas como Corani o La Angostura, amplían el potencial del sector para generar empleo y diversificar la economía local.
Aprender haciendo: del aula al territorio
El proyecto no fue improvisado. Incluyó reuniones técnicas entre docentes y alumnos de Unifranz con la Gobernación, la Alcaldía y productores locales, además de trabajo de campo, entrevistas y levantamiento de información primaria por parte de los 25 estudiantes de tres carreras participantes, con el acompañamiento de 10 profesores que, durante cinco meses, guiaron el proyecto.
“Parte del aprender haciendo de Unifranz es tener una atención especial en la comunidad”, afirma Vera, destacando que el proyecto responde directamente a las necesidades expresadas por los comunarios.
Un aspecto importante de la ejecución de proyecto fue la capacitación de los estudiantes en temas de buenas prácticas de manufactura, POES y sistemas de gestión de calidad e inocuidad como ISO 22000 e ISO 9001, logrando un documento técnico de más de 500 páginas que detalla procesos, manuales y simulaciones de auditoría.
Interdisciplinariedad que multiplica el impacto
Una de las características más destacadas del proyecto es su enfoque interdisciplinario, que permitió articular saberes de distintas áreas del conocimiento. En este proceso, el aporte de los estudiantes de Bioquímica y Farmacia, junto con los de Diseño Gráfico, fue determinante para el desarrollo del componente técnico de la iniciativa, aportando rigor científico, innovación y una visión integral que fortaleció su viabilidad y proyección.
“La participación fue fundamental para garantizar la calidad, seguridad y efectividad del alimento producido”, explica Danitza Mamani Osinaga, docente en la carrera de Bioquímica y Farmacia que lideró la producción de un alimento balanceado para truchas a partir de insumos locales, como escamas de pescado, almidón de papa de Morochata y sorgo, mediante un proceso productivo replicable para pequeños productores.
En tanto, desde Diseño Gráfico, los estudiantes asumieron el desafío de construir la identidad visual de la planta y del producto.
“Desarrollamos un sistema de marca competitivo, con identidad territorial y capacidad de posicionarse en el mercado nacional”, destaca la docente Fabiola Vardoux, al subrayar el trabajo realizado en empaques, etiquetas, puntos de venta y estrategias de comunicación visual.
Formarse enfrentando desafíos reales
Para Rosa Chávez, estudiante de Administración de Empresas, el proyecto marcó un antes y un después en su formación universitaria. La experiencia implicó un alto nivel de compromiso y responsabilidad, con jornadas de trabajo extendidas, búsqueda de información en diversas fuentes y trabajo de campo, elementos que enriquecieron su proceso de aprendizaje.
“Me permitió aplicar los conocimientos teóricos a un contexto real y comprender la complejidad de gestionar un proyecto productivo”, afirma y destaca la importancia del aprender haciendo en la formación de los futuros profesionales.
Este enfoque, según Chávez, significa adquirir conocimientos a partir de la experiencia práctica y la aplicación de lo aprendido en situaciones reales. “Esta es una de las principales razones por las que elegí estudiar en Unifranz, ya que se trabaja de una forma más realista”, señala.
Este modelo educativo, agrega, fortalece el aprendizaje, desarrolla habilidades profesionales y prepara a los estudiantes para el mundo laboral, al permitirles aprender desde la práctica, el error y la mejora continua.
Un modelo educativo que forma profesionales de alto impacto
Ariel Villarroel, coordinador nacional del Instituto de Innovación Educativa de Unifranz, explica que el proyecto nació dentro del ecosistema de innovación educativa de la universidad, un flujo de trabajo que articula la demanda real de los productores de trucha de Cocapata con el talento académico de los estudiantes de Unifranz.
La iniciativa responde, además, al modelo de Aprendizaje Basado en Retos, que sitúa a los estudiantes frente a problemas concretos del entorno. “Los estudiantes transformaron la realidad productiva de Cocapata, demostrando que la universidad es un motor de innovación”, sostiene Villarroel.
Más que un ejercicio de aula, el proyecto se planteó como una intervención directa: los estudiantes escucharon el problema, validaron las necesidades en territorio y diseñaron un plan estratégico integral. De este modo, la necesidad de industrializar y agregar valor a la trucha se convirtió en un verdadero “laboratorio” de aprendizaje para la formación de profesionales de alto impacto.
Finalmente, la iniciativa se proyecta como un prototipo de alcance nacional que será replicado en otras sedes de Unifranz, conectando el talento académico con desafíos reales en distintos contextos. “Lo innovador no es solo qué se hace, sino cómo se hace: con entornos reales, trabajo transversal y formación humana”, concluye Villarroel.
Así, Unifranz reafirma su apuesta por formar profesionales competentes, conscientes y comprometidos con su entorno, capaces de transformar el conocimiento en desarrollo y el aprendizaje en impacto tangible.