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¿Perder el año escolar? cómo afrontarlo desde el hogar

Viernes, 05 de diciembre de 2025 a las 10:43
Una especialista sugiere cómo acompañar al adolescente en caso que pierda el año escolar

Un tropiezo escolar puede convertirse en una crisis emocional si no recibe el acompañamiento adecuado desde el hogar. ¿Qué pueden hacer los padres en estos casos?

Perder el año escolar se convierte para muchos adolescentes en una de las experiencias más difíciles de su etapa educativa. No solo implica un resultado académico desfavorable, sino también un impacto emocional profundo que afecta la autoestima, la motivación y la construcción de identidad. La noticia puede desencadenar sentimientos de frustración, vergüenza ante los compañeros y decepción personal y familiar.
La psicóloga Viviana Rojas, docente de la Universidad Privada Domingo Savio (UPDS), explica que la pérdida del año escolar constituye “uno de los mayores desafíos en la trayectoria académica y personal del estudiante de secundaria”. Señala además que este hecho “no es simplemente un déficit en calificaciones; es un potente disparador emocional que sacude los cimientos de la autoestima, la motivación y la identidad social del joven”.
El golpe emocional que implica repetir el año escolar puede generar frustración, culpa, baja autoestima y aislamiento. En palabras de Rojas, “perder un año escolar, especialmente en la adolescencia, va mucho más allá de las notas; es una experiencia de fracaso que afecta directamente la construcción de su personalidad”. La especialista advierte que, si esta situación no se atiende adecuadamente, “puede generar un tsunami emocional con consecuencias significativas, incluyendo frustración y culpa […] lo que puede derivar en resentimiento y aislamiento”. También destaca que el adolescente puede experimentar “una profunda baja autoestima y desvalorización, al internalizar la idea de no ser capaz o no ser lo suficientemente inteligente”.
La reacción de los padres juega un papel crucial en la recuperación emocional del estudiante. Rojas indica que “el manejo inicial por parte de los padres es el factor más determinante para la recuperación” y que la respuesta familiar debe enfocarse en la contención emocional y el diálogo, “nunca en la recriminación”.
Para ello, recomienda que “el primer paso es escuchar sin juzgar, posponiendo el castigo y abriendo un espacio seguro de diálogo”, y plantea que la familia debe reemplazar preguntas de culpa por interrogantes que orienten hacia la reflexión y el aprendizaje.
Asimismo, sostiene que las causas de haber perdido el año suelen ser múltiples: académicas, psicosociales o emocionales. También recalca que los padres deben actuar como guías, no como vigilantes, para que el adolescente recupere la autonomía: “Los padres deben ser guías que supervisan el plan, no inspectores que controlan cada minuto”. Afirma Rojas. Además resulta crucial fomentar la resiliencia y comprender que incluso las experiencias difíciles enseñan lecciones valiosas, lo que ayuda al estudiante a reconstruir su confianza y afrontar el nuevo ciclo escolar con mayor fortaleza emocional.
Finalmente, la especialista recuerda que “perder el año escolar es un tropiezo, no el final del camino” y que, con el acompañamiento adecuado, puede convertirse en una oportunidad formativa basada en la resiliencia, la disciplina y el autoconocimiento

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