Gonzalo Gamarra Wichtendahl, un señor de 88 años, llegó caminando a las instalaciones de EL DEBER. Traía bajo su brazo tres cuentos con una esperanza tan viva como los recuerdos que guarda de Santa Cruz de Antaño.
“Yo soy paceño de nacimiento, pero cruceño de corazón”, señaló. Aunque nació en el occidente, su primera visión del mundo fue en Santa Cruz. En esta tierra creció, formó su familia y crio solo a sus hijos, haciendo el papel de padre y madre.
Tocó muchas puertas antes de llegar a EL DEBER. Visitó varios centros culturales, pero no tuvo apoyo… “Lamentablemente, no me dieron cabida. Parecía que mi voz no tenía eco en ningún lugar”, afirmó. Pese a todo, siguió insistiendo, con la fe intacta, como quien no quiere que su historia, ni las historias de su tierra, se pierdan en el olvido.
Don Gonzalo tiene un sueño: que lean sus historias y que alguno de sus cuentos puedan ser publicados. Los cuentos titulan; Las Ocurrencias I, Las Ocurrencias II y Doña Angelita mi lavanderita. Son relatos que recogen las anécdotas, personajes, paisajes y vivencias de una Santa Cruz antigua,tejida con palabras que huelen a tierra mojada, a motacú, tutumas y a calles de barro.
En el programa Aquí Estoy, de EL DEBER Radio, don Gonzalo relató su historia, con la esperanza de que alguien, o alguna editorial, le abra por fin una puerta. El escritor ofrece memoria viva e identidad cruceña. Es la voz de un hombre que nunca dejó de contar.
Comenzó a escribir a los 83 años. A esa edad decidió que era momento de poner en papel las historias que había guardado toda su vida. Desde entonces no ha parado de escribir, manteniendo la esencia de Santa Cruz. Sus cuentos son inspirados en sus vivencias y anécdotas. La narrativa del primer cuento describe una casa de campo hecha con hojas de motacú, una infancia de abarcas y garabatos de palo donde colgaban canecos y tutumas. Refleja una vida sin prisas, donde la cosecha y los encuentros con vecinos como Leoncio —su entrañable amigo y ocurrente por naturaleza— forman parte de un mundo divertido y sencillo.
Es así, que en un espacio de EL DEBER, don Gonzalo dejó sus cuentos y su historia, a la espera de que alguien más los escuche. Porque su voz y la de una Santa Cruz genuina merecen ser escuchadas y compartidas.