En medio de los debates económicos y políticos que atraviesan a la región, el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, organizado por CAF, abrió también un espacio para mirar la cultura como una herramienta de desarrollo, identidad y futuro.
Allí, la experiencia de la Chiquitania boliviana emergió como uno de los ejemplos más elocuentes de cómo la inversión cultural puede transformar la vida de la niñez y preservar una herencia única en el continente.
Mario Rivera, representante de la Fundación Latinoamericana para el desarrollo Social (FLADES), presentó en el foro un proyecto que CAF respalda desde hace varios años y que tiene como epicentro a Santa Ana de Velasco y otras comunidades chiquitanas.
Se trata de un programa de formación musical que articula escuelas de música, orquestas infantiles y juveniles, y la recuperación de la tradición sonora nacida en las antiguas misiones de Chiquitos.
“La CAF es nuestro principal aliado. Nos apoya específicamente en el componente cultural: la escuela de música, la orquesta y la formación de niños”, explicó Rivera al grupo EL DEBER.
Cuando el proyecto llegó a Santa Ana de Velasco, apenas 14 estudiantes formaban parte de la escuela. Hoy, el número de alumnos supera los 200, y en su punto más alto alcanzó a más de 250 niños y niñas vinculados directamente al aprendizaje musical.
El impacto, sin embargo, va más allá de una sola comunidad. La iniciativa se ha extendido a localidades con menor atención estatal y mayores dificultades sociales, como Candelaria de Noza, en el municipio de San Rafael, además de San Miguelito, Guapacito y otras poblaciones de la región chiquitana. En total, se estima que cerca de 400 niños han sido beneficiarios directos del programa.
En estas escuelas, la música no se reduce a la enseñanza de un instrumento. “No solo se trata de aprender violín u otro instrumento. Muchos de estos niños provienen de familias donde, por razones de trabajo, los padres no viven con ellos; algunos deben dejar a sus madres para poder estudiar. Las escuelas de música se convierten en un espacio de contención, de apoyo educativo y de formación integral”, señaló Rivera. El trabajo se articula con los colegios de las comunidades, reforzando la permanencia escolar y el desarrollo emocional de los estudiantes.
La apuesta cultural tiene además una dimensión histórica profunda. La música chiquitana, heredera del periodo misional, conserva partituras originales de los siglos XVII y XVIII, un repertorio de música religiosa y clásica barroca que fue rescatado y que hoy vuelve a sonar interpretado por niños y jóvenes de la región. No se trata solo de preservar documentos, sino de reactivar una memoria viva que conecta pasado y presente.
Esa vocación se reflejó, por ejemplo, en el Festival Infantil Juvenil realizado el año pasado en Santa Ana de Velasco. Durante cuatro días, siete orquestas y alrededor de 200 niños se reunieron no solo para ofrecer conciertos, sino para compartir procesos de formación, talleres y experiencias musicales colectivas. El encuentro fue posible, en gran medida, gracias al apoyo de CAF.
El respaldo del organismo regional se expresa de distintas formas. A través del programa “Un Instrumento, Un Alumno”, CAF contribuye a la dotación de instrumentos musicales para los estudiantes. También ha apoyado la organización de festivales y, en un hito reciente, respaldó cerca del 50% del costo de una gira internacional a España realizada hace dos años por jóvenes músicos del proyecto, una experiencia que permitió llevar la música de Chiquitos a escenarios europeos.
“Es difícil cuantificar el apoyo solo en cifras, porque el impacto es humano y cultural”, afirmó Rivera. No obstante, estimó que en actividades específicas, como festivales y procesos formativos, el aporte ha rondado los 30.000 dólares, además de la provisión sostenida de instrumentos.
En un foro que discute crecimiento, inversión y sostenibilidad, la experiencia chiquitana recordó que el desarrollo también se construye desde la cultura. La música, en este caso, no solo rescata partituras antiguas y la memoria de las misiones de Chiquitos, sino que ofrece a cientos de niños una herramienta para formarse, permanecer en la escuela y proyectar un futuro distinto.