El trasplante renal pediátrico dejó de ser un sueño distante para convertirse en una realidad que empieza a transformar vidas en Bolivia. La Clínica de las Américas alcanzó un nuevo hito médico al realizar con éxito su primer trasplante renal pediátrico de alta complejidad a una niña de 8 años, oriunda de Yacuiba (Tarija), que enfrentaba una enfermedad renal avanzada. La cirugía fue posible gracias al acto de amor de su madre, quien donó uno de sus riñones para darle a su hija una nueva oportunidad de vida.
La paciente llegó a Santa Cruz con síntomas de malestar general y decaimiento. Los estudios clínicos revelaron un cuadro de insuficiencia renal severa, lo que obligó a iniciar hemodiálisis de emergencia mediante un catéter. Posteriormente pasó a diálisis peritoneal, pero el catéter abdominal presentó fallas, forzando un nuevo retorno a hemodiálisis. En menos de tres meses, la niña requirió tres accesos distintos para dializarse, una situación crítica que aceleró la decisión de iniciar el protocolo de trasplante.
“Si no trasplantábamos a la niña, era muy probable que enfrentara un desenlace desfavorable, porque ya no contaba con accesos adecuados para continuar la diálisis”, explicó Daniel Molina, nefrólogo de la Clínica de las Américas.
Un hito
El proceso de trasplante incluyó rigurosos estudios y pruebas para la niña y su madre, con el fin de garantizar la compatibilidad y seguridad del procedimiento. Uno de los mayores retos en un trasplante renal pediátrico radica en la diferencia de tamaño entre el órgano adulto y el cuerpo de un niño, lo que demanda habilidades quirúrgicas de extrema precisión para conectar arterias y venas de calibres muy distintos en un espacio anatómico reducido.
“Este tipo de intervenciones exige un equipo altamente especializado. La unión de la arteria y vena de la madre con las estructuras vasculares mucho más pequeñas de la niña requiere un nivel de precisión excepcional”, destacó Molina.