Dormir bien no es un lujo, es una necesidad. Sin embargo, muchas mujeres se despiertan cansadas, con dificultad para concentrarse o con la sensación de no haber descansado lo suficiente.
El estrés diario, los cambios hormonales y el uso excesivo de pantallas influyen en la calidad del sueño, pero hay un factor clave que a menudo puede pasar desapercibido: la alimentación.
Dormir bien tras las fiestas:
Después de los eventos y desvelos es vital recuperar el horario habitual, hidrátese intensamente ( 8 vasos al día) para mejorar la función de los órganos.
Evitar comidas pesadas y pantallas antes de acostarse. Retomar la rutina de descanso es clave para evitar la fatiga y el malestar, mejorando la energía y la salud para seguir adelante ‘renovada’.
El sueño y la hormonas:
El sueño ideal está regulado por hormonas y neurotransmisores, especialmente la melatonina, conocida como la hormona del descanso. Para producirla, el cuerpo necesita determinados nutrientes que obtenemos a través de la dieta. Cuando estos faltan, conciliar el sueño o mantenerlo durante la noche se vuelve más difícil.
Nutrientes que ayudan a dormir mejor:
El triptófano es un aminoácido esencial que participa en la producción de serotonina y melatonina. Se encuentra en alimentos como huevos, yogur, plátano, avena, legumbres y semillas.
El magnesio favorece la relajación muscular y ayuda a reducir la tensión acumulada durante el día. Está presente en los frutos secos, cacao puro, verduras de hoja verde y semillas.
Las vitaminas del grupo B contribuyen al equilibrio del sistema nervioso y pueden encontrarse en cereales integrales, pescado, huevos y verduras verdes.
El calcio, además de su papel en la salud ósea, también interviene en la producción de melatonina, y están presentes lácteos, vegetales de hoja verde, pescados con espinas blandas (sardinas, salmón)
Hábitos que pueden alterar el descanso:
Algunos alimentos y costumbres nocturnas actúan como enemigos silenciosos del sueño.
El consumo de cafeína por la tarde, el alcohol antes de dormir, las cenas copiosas o muy tardías y el exceso de azúcar pueden provocar despertares nocturnos y un descanso poco reparador.
Menú para una noche de buen descanso
Cena ligera:
Crema de verduras zucchini
(zapallito largo, zanahoria y joco)
Pescado o huevo
(todo cocido, no frito)
Quinua en pequeña cantidad
Aceite de oliva virgen extra
y poca sal para sazonar
Opción vegetariana:
Salteado de verduras
con tofu o legumbres suaves
Camote o papa al horno
(hervido o al vapor)
Sopa de semillas de sésamo
(zanahoria o zapallo)
Dormir bien...
empieza en el plato
No se trata de hacer cambios drásticos, sino de adoptar pequeños hábitos conscientes que ayuden al cuerpo a relajarse y prepararse para el descanso. Cuidar lo que comemos es también una forma de autocuidado.
Mantener una rutina y cenar algo ligero, al menos dos horas antes de acostarse, ayuda a respetar el reloj biológico y favorece un sueño más profundo. Porque dormir mejor no solo hace placentera nuestras noches, sino también aumenta nuestra energía, nuestro estado de ánimo y nuestra calidad de vida.