En el Monasterio de la Inmaculada Concepción, ubicado en la localidad de Pandoja, municipio de Quillacollo en Cochabamba, Sor Natividad, nombre religioso de Alba Quispe Peralta, ha encontrado en el trabajo manual una forma de sostener su vocación y su comunidad. Nacida en Tarija, pertenece a la congregación de las Concepcionistas Franciscanas y desde hace más de dos décadas impulsa, junto a las hermanas, un emprendimiento que hoy se ha convertido en su principal medio de sustento.
“Desde que llegamos a la ciudad de Cochabamba ha sido la venta de hostias, pero con la pandemia se cerró el trabajo. Entonces tuvimos que buscar otros medios de vida”, recuerda.
Así las hermanas comenzaron a abrirse camino en la elaboración de bisutería y las más hermosas alhajas religiosas, las medallas de San Benito, rosarios, denarios, anillos, manillas y piezas dedicadas a la Virgen de Guadalupe forman parte de su catálogo.
“No es una gran venta, pero cada vez la gente prefiere comprar de nosotras, porque dicen que lo hacemos con cariño”, afirma Sor Natividad. Su objetivo va más allá de lo comercial: buscan que cada objeto sea un medio para acercar a las personas a Dios.
El emprendimiento ofrece joyas finas y duraderas, enchapadas en oro o elaboradas en acero quirúrgico, descartando productos de fantasía. Parte del material llega desde España, Italia y Brasil, como los delicados rosarios hechos con pétalos de jazmín que ellas ensamblan cuidadosamente en el monasterio. Además, continúan con la producción de hostias que distribuyen a la arquidiócesis de Cochabamba y a otras diócesis del país. Actualmente son cuatro las hermanas que se dedican a estos trabajos y organizan su producción de acuerdo a los pedidos que llegan a través de sus redes sociales.
Las monjas Concepcionistas Franciscanas cuentan con tres monasterios fundados inicialmente en Tarija y que hoy continúan activos, incluido el de Cochabamba.
Aunque son monjas de clausura, los tiempos han cambiado y ahora salen para consultas médicas, a realizar compras o entregar sus pedidos. La comunidad religiosa contemplativa reúne a mujeres consagradas que viven en clausura, dedicadas a la oración. Viven bajo las reglas monásticas para dedicarse a la oración y el trabajo, y así se diferencian de los conventos, que suelen estar en entornos urbanos y dedicados a la vida activa.
Comercializan sus productos por el Facebook Concepcionistas Pandoja, y los encargos mediante depósitos por QR. Además del trabajo artesanal, cultivan una huerta que les provee vegetales y frutas. “Nos caracterizamos por ser prolijas, hacer las cosas bien hechas”, dice sor Natividad, convencida de que su apostolado se vive tanto en la oración como en cada pieza elaborada con fe y dedicación.