Rita Medina/Nutricionista
En el Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer, nuestra aliada Rita Medina empieza la nueva campaña: Salud & Alimentos. El propósito es enseñar sobre los alimentos que son fundamentales para prevenir enfermedades crónicas como diabetes, obesidad y problemas cardíacos, y asegurar el correcto funcionamiento de nuestro organismo.
Hoy sabemos que no solo importa qué comemos, sino también qué organismos comen con nosotros. En este nuevo enfoque, el kéfir ocupa un lugar especial.
El origen del kéfir:
historia, mito y supervivencia
El kéfir nació en las montañas del Cáucaso, una región que hoy se reparte entre Europa del Este y Asia Occidental.
Durante siglos, las poblaciones locales consumieron esta bebida fermentada a diario y se transmitía como herencia familiar. La experiencia era clara: quienes bebían kéfir parecían enfermar menos y vivir más tiempo. La ciencia tardaría cientos de años en comenzar a entender por qué.
¿Qué es realmente el kéfir?
Un ecosistema, no una bebida. El kéfir es el resultado de la fermentación de un líquido.
Hablamos de la leche o agua azucarada, mediante una comunidad simbiótica de bacterias y levaduras. Pero, hay dos tipos de Kéfir:
Kéfir de leche:
Es el más conocido y estudiado, se obtiene al fermentar leche (de vaca, cabra u oveja).
Durante ese proceso disminuye la lactosa, aumenta la acidez, se generan enzimas, vitaminas y probióticos. El resultado es una bebida ligeramente espesa, ácida, con un sabor más complejo que el yogur.
Kéfir de agua:
Se fermenta en agua con azúcar y frutas. No contiene lácteos y es naturalmente gasificado, una alternativa para las veganas y otras con alergia a la proteína de la leche.
El intestino (olvidado)ahora es protagonista
Hoy sabemos que es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano. Es algo así como nuestro segundo cerebro que influye en la digestión, en el sistema inmunológico, en el metabolismo, en la inflamación del organismo, incluso en el estado de ánimo. Y aquí es donde el kéfir cobra una gran relevancia.
Kéfir y microbiota:
una relación directa
La ciencia de la nutrición señala que el kéfir es uno de los alimentos con mayor probiótica natural.
A diferencia de otros productos, no aporta una o dos cepas, sino una comunidad microbiana compleja. Los estudios han observado el consumo regular de kéfir.
Tomar kéfir puede aumentar la diversidad bacteriana intestinal, reducir microorganismos patógenos y fortalecer la barrera intestinal.
No ocurre de forma instantánea ni milagrosa. Todo depende de nuestra constancia y de un plan de dieta (personalizada).
Se estima que alrededor del 70 % del sistema inmunológico está vinculado al intestino. Por ello, cuidar la microbiota no es solo una cuestión digestiva, sino inmunológica.
Los microorganismos del kéfir producen sustancias que modulan la respuesta inflamatoria, estimulan células defensivas y ayudan a mantener el equilibrio del sistema inmune. Esto explica por qué, tradicionalmente, el kéfir fue asociado con resistencia a enfermedades.
Kéfir, lactosa e intolerancia:
una aclaración necesaria
Muchas personas intolerantes a la lactosa toleran bien el kéfir porque gran parte de la lactosa es consumida por las bacterias. Sin embargo, es importante diferenciar entre la intolerancia a la lactosa (digestiva) y alergia a la proteína de la leche (inmunológica).
Contraindicaciones y consumo responsable
Aunque es un alimento seguro para la mayoría, el kéfir no es neutro. Introduce cambios en el ecosistema intestinal, y eso puede generar reacciones transitorias.
Posibles efectos iniciales:
Gases, distensión abdominal y cambios en el tránsito intestinal.
Dosis recomendada:
Hay que comenzar con pequeñas cantidades y aumentar gradualmente. Siendo importante consultar a un profesional antes de consumirlo regularmente.
Más allá de la moda:
el kéfir es un símbolo de salud
El interés creciente por el kéfir no es casual. Refleja un cambio profundo en la forma de entender la salud, incluso en la culinaria.
Hay la opción usar el kéfir como sustituto del yogur o suero de leche en tortas, panqueques, batidos, helados y repostería.
Además: funciona como un adobo para carnes y base para aderezos ligeros o salsas para ensaladas, aportando frescura y cremosidad.
El kéfir en la culinaria
Más allá de beberlo solo, el kéfir es un ingrediente versátil. Puede consumirse solo en ayuna, a media mañana o antes de dormir. Tomarlo con frutas, en batidos, como base para aderezos o incluso en recetas de pan y postres.
Más allá de su uso culinario, el kéfir representa una idea poderosa: cuidar la salud implica también cuidar la vida microscópica que habita en nuestro interior