Por Aramis Castro / Red Investigativa Transfronteriza de Ojo Público
En la primera cuadra de la calle Tarapacá –una bulliciosa zona comercial ubicada en la ciudad boliviana de La Paz, a más de 3.600 metros de altura sobre el nivel del mar– un puñado de tiendas ofrecen collares, anillos, aretes y otras joyas de oro. Sobre las paredes de algunos locales que las rodean se observan, además, pizarras o letreros de cartulina en los que se ofrece la venta de mercurio a menos de un dólar el gramo. Cualquier persona puede llegar hasta aquí y comprar sin ningún requisito ni medida de protección la cantidad de mercurio –o azogue, como también lo llaman– que necesite.
—Debo tener cuidado cuando peso, sino es difícil regresarlo a la botella—, advierte una vendedora, al mismo tiempo que coloca unos gramos de mercurio dentro de una bolsa transparente. La descarga del metal la realiza sin ningún implemento de seguridad y desde un diminuto envase blanco que lleva en su diseño letras negras con el título de ‘Mercurio El Español’. El frasco tiene impresa la silueta de un torero que agita su capa roja frente a un toro con los cuernos afilados.
La compra e importación de mercurio está prohibida en varios países –entre ellos Perú, vecino de Bolivia– por su elevada toxicidad y su destructivo impacto en la salud y los ecosistemas, pero en Bolivia este metal se vende libremente.
Este reportaje de la Red Investigativa Transfronteriza de OjoPúblico –que analizó los datos globales de cinco años de exportaciones, accedió y revisó decenas de partidas de empresas importadoras, visitó sus direcciones, y recorrió cinco ciudades entre el altiplano y la Amazonía– expone cómo solo entre 2017 y 2021, tras la regulación del mercurio en Perú, la importación de mercurio a Bolivia casi se duplicó desde México con la participación de empresarios peruanos que registraron sus compañías en La Paz.
La investigación periodística –que también tuvo acceso a expedientes fiscales– revela la ruta del contrabando y el mecanismo que permite que una parte importante del mercurio que llega a Bolivia formalmente desde un grupo de empresas de México, es enviado por contrabando hacia la Amazonía. Las propias autoridades bolivianas estiman que el 27% del mercurio importado se destina a la minería ilegal.
A cinco años de la vigencia del Convenio de Minamata –el tratado internacional que entró en vigencia en 2017 y que busca frenar los usos del mercurio– el comercio global de este insumo tóxico continúa sin control entre los países exportadores, ingresa a Bolivia para luego ser enviado ilegalmente a Perú. El tráfico usa las mismas rutas que tienen otros insumos ilegales del contrabando.
La ruta México - Bolivia
En los alrededores de la capital de Bolivia, en el corazón de La Paz –como ocurre con la calle Tarapacá– la venta de cada frasco que contiene un kilo de mercurio cuesta entre 1.600 a 1.800 bolivianos, lo que equivale a entre USD 231 y USD 260. Pero las personas pueden comprar menores cantidades: dos bolivianos por cada gramo.
En todo Bolivia la comercialización de este elemento se realiza sin mayores restricciones. Los comerciantes entrevistados señalaron que sus principales clientes son mineros bolivianos y peruanos. La Paz se encuentra a solo cinco horas en auto de la ciudad peruana de Puno.
Con la vigencia del Convenio de Minamata en 2017, en Perú el ingreso de mercurio se prohibió y solo se autorizó para algunos casos muy excepcionales en los que se garantice que el metal pesado se gestionará con seguridad. Mientras, en Bolivia las importaciones de este metal tóxico comenzaron a aumentar.