A tan solo horas del 24 de enero cuando se celebra la Feria de la Alasita, en la ciudad de La Paz se vive un ambiente de expectativa. Los miles de artesanos le dan los últimos toques a sus stands donde ofrecerán prácticamente todo lo que la imaginación les permitió fabricar, pero en miniatura. Desde una variedad inmensa de casitas, vehículos, billetitos, hormiguitas obreras que muestran todas las profesiones, hasta gallitos y gallinitas para los solteros que no tienen pareja.
Todos estos elementos, en la Alasita, un vocablo aymara que quiere decir: ‘comprame’, se convierten en “illas” o amuletos de la buena suerte y la abundancia, y que la gente cambia por unas monedas, con preferencia si es justo al mediodía de este 24 de enero. Este acto se convierte en una ceremonia y en un ritual con un sincretismo que une la tradición y las creencias, donde el componente principal es la fe, tanto del que da como del que recibe.
Es así que en un recorrido que realizó EL DEBER por la calle Juan de la Riva y la extensa avenida Simón Bolívar – donde hasta esta noche se realiza la preferia – pudo apreciar la gran variedad que ofrecen los artesanos expertos en miniaturas, para la Alasita 2026.
Entre las novedades para este año están los ‘choletsitos’, las afamadas construcciones o cholets que resaltan en la ciudad de El Alto y que ostentan alegorías a símbolos mundiales como la Torre Eiffel, el barco Titanic, el ‘mundo de Barby’, o las figuras de héroes de cómics como Iron Man o el de los Transformers.
“Ahora llegamos con la novedad de que las puertitas de los choletsitos se abren y cierran”, contó uno de los artesanos.
Y en este ítem también están las clásicas casitas elaboradas de vidrio y pintadas a mano, las tienditas de barrio que exponen todos los enseres desde gaseositas, panecillos, golosinitas, cajitas de cereales hasta artículos de limpieza, todo en miniatura.
También destacan los vehículos, que muestran un mundo de posibilidades, que van desde los camioncitos de carga internacional hasta volquetas, cisternas, palas mecánicas y vagonetas de último modelo.
¿Tiene poca ropa o sueña con renovar su vestuario? Vaya a la feria de la Alasita donde podrá encontrar una gran variedad de atuendos en miniatura para varón y mujer. O, ¿tiene un proyecto a medias construyendo su vivienda y no logra terminar? En la feria de la Alasita encuentra todos los insumos, desde ladrillitos, fierritos de construcción, calaminitas, bolsitas de estuco, cemento, maderitas, hasta clavitos y un mundo de objetos de construcción.
Otra de las artesanías llamativas son las alcancías que elaboran los artesanos y que ofrecen a las personas un universo de posibilidades para escoger. Entre las novedades de este rubro están las alcancías de capibaras de todos los tamaños y precios.
También se aprecian alcancías de caricaturas que van desde los personajes clásicos de Disney, los Simpson, hasta los personajes de anime como Naruto, Goku, Johan, Vegeta, Sailor Moon. Pero también hay alcancías para los adultos con corazón de niño que añoran personajes clásicos como los del mundo de Snoopy o Mafalda.
En la feria también se podrá apreciar el mundo de las hormiguitas obreras que representan a todas las profesiones y oficios imaginados, desde médicos, ingenieros, albañiles, agricultores, profesores, periodistas, vendedores, cantantes, guitarristas, mineros, ganaderos, en fin.
Otra de las características de la feria de la Alasita es obsequiar e intercambiar billetitos, siempre con la frase “que sea en buena hora”, para que el que da y recibe tenga dinero, pague sus deudas o logre ese crédito bancario que tanto ha esperado.
Y si de cumplir deseos se trata, ahí están los gallitos y las gallinitas hechas de yeso e ilusiones. Según la tradición paceña, en Alasita se regala gallinitas a los varones solteros para que encuentren a su pareja sentimental, en tanto, que los gallitos son para obsequiar a las mujeres solteras.
Todo este universo paralelo es liderado por el Ekeko, que es el personaje central de la Alasita, también conocido como el “Dios de la Abundancia”, es un hombrecillo regordete, que carga en su espalda y brazos todos los objetos chiquitos que le alcanza sujetar, siempre sonriente con un vistoso bigote que enmarca su sonrisa y con un cigarro que fuma y exhala humo como si estuviera sahumando todo ese mundo en miniatura.
Pero la esencia de la Alasita es la fe, reflejada en el sincretismo que se da entre la cosmovisión andina, la religión católica y las expresiones artesanales urbanas.
¿Y cómo se traduce este principio?, la religiosidad católica se refleja cuando al mediodía del 24 de enero, los sacerdotes católicos salen a las puertas de las iglesias y con agua bendita, bendicen las miniaturas que la gente cambia por dinero.
La cosmovisión andina se muestra cuando esas mismas miniaturas son ‘ch’alladas’ y sahumadas por un yatiri que frente a un pequeño brasero ardiente hace un breve ritual, pregunta el nombre de la persona y en medio del humo de palo santo e incienso, eleva oraciones a los dioses aymaras para que se cumplan los deseos de la persona.
Y de estas dos actividades estrechamente relacionadas también son parte las expresiones artesanales urbanas que cada año muestran desde las novedades tecnológicas que llegan al país, hasta las últimas expresiones de moda locales.
Es por eso que esta fiesta y tradición paceña ya tiene un reconocimiento mundial porque mediante Decisión 12.COM 11.b.5 del año 2017, el Comité Intergubernamental de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), declaró a la feria de la miniatura como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en reconocimiento a los “Recorridos rituales en La Paz durante la Feria de la Alasita”.