Comienza un nuevo año y la ciudad de Santa Cruz de la Sierra tiene problemas irresueltos que demandan urgente solución. Se trata del transporte público y del ordenamiento de los comerciantes, dos áreas de poblaciones complicadas, que necesitan que la autoridad les establezca normas claras y las haga cumplir. Ya se inició el retiro de los cordones de cemento que habían sido puestos para el funcionamiento del BRT, ahora es tiempo de aplicar el plan de ordenamiento que tiene la Alcaldía para el primer anillo y el centro de la ciudad. Según los estudios más de 2.000 micros de 105 líneas atraviesan el centro de la ciudad. En el primer anillo conviven buses, taxis, trufis y vehículos particulares. Es una vía que fue construida cuando en la ciudad no había el volumen de tráfico que existe hoy en día. Durante décadas, los dirigentes del transporte público trazaron rutas e impusieron su presencia sin que las autoridades ediles pudieran poner freno. Esos dirigentes también ponen trabas ahora, amenazan y bloquean. La misión de ordenar el tráfico en el primer anillo y el centro no es tarea sencilla, pero tampoco es imposible para un alcalde determinado y comprometido con el bien de la ciudad que gobierna. El otro gran problema está las calles. Es la presencia de comerciantes en mercados, en la vía pública y en todos lados. Si bien es cierto que la informalidad de la economía da lugar a que familias enteras se dediquen al comercio, es también real que se puede imponer el orden. Se lo puede ver en otras capitales del país. ¿Por qué no en la nuestra? Las áreas aledañas a los mercados, nuevos y viejos, están llenas de vendedores. Avenidas por donde transitan micros tienen a gente que comercializa sus productos de manera ambulante. Sin freno, se apoderarán de parques y todo espacio por el que haya ciudadanos. El reordenamiento quedó en nada y hay que recuperarlo. El alcalde de Santa Cruz de la Sierra tiene la gran posibilidad de ejercer su autoridad y de imponer la idea de que quien quiere vivir en esta ciudad, está obligado a respetarla. Esto por el bien individual y colectivo.