La Constitución boliviana garantiza en teoría que las personas tienen derecho a la salud, sin exclusiones ni discriminación, y que el sistema único será universal, es decir para todos, gratuito y equitativo. Adornan el artículo 18 de la Constitución expresiones como “con calidad, calidez y control social”. Pero ni lo primero ni lo último se cumple en un país donde el Sistema Único de Salud (SUS) tiene nombre, sigla y adjetivos grandilocuentes y sin embargo en la práctica no es gratuito, no da acceso universal ni mucho menos es equitativo.
En los hechos, nada de esto ocurre en el sistema de salud, ni en la seguridad social a corto plazo. Con un presupuesto del 10 por ciento del Estado, apenas el 33 por ciento de la población pertenece a la seguridad social; el restante 67 por ciento tendría que estar cubierto por el sistema público o seguro universal, pero la realidad muestra cada día que los ciudadanos prefieren endeudarse para pagar servicios privados para no exponerse al pésimo servicio público.
Una crónica publicada por EL DEBER en su edición del lunes 27 muestra el drama que a diario viven ciudadanos de todas las clases sociales, que llenan las redes sociales con anuncios de kermeses solidarias para recaudar fondos y así cubrir los altos costos de los servicios privados de salud.
Una paciente asegurada en la Caja Nacional de Salud cuenta que tiene un aneurisma y le dijeron que el dispositivo para disminuir la presión sobre la arteria debilitada y reducir el riesgo de muerte, de nombre stent-graft, se lo tiene que comprar ella misma. Cuesta alrededor de 20.000 dólares.
La paciente espera una operación, lamenta que el dinero que cada mes le descuentan para la seguridad de nada sirve porque en la Caja Nacional de Salud ni siquiera le devuelve Bs 3.000 que ella debió gastar por su cuenta para hacerse una arteriografía.
En el Hospital del Niño el sistema de salud comete crímenes de forma silenciosa cada vez que posterga atenciones y análisis por falta de condiciones y con la tardanza los cuadros se agravan, asegura un especialista.
Cuando aparecen niños con cálculos pequeños en la vesícula estos se mueven y pueden obstruir el conducto del páncreas y derivar en pancreatitis. Muchos de ellos se quedan esperando que se abra un espacio, lo que en ocasiones no ocurre por falta de médicos y la excesiva demanda de nuevos pacientes. Con esos retrasos ponen en peligro sus vidas.
El ex ministro de Salud, Aníbal Cruz, afirma que en Bolivia hay tres sistemas de salud: el público o universal, el de la seguridad social a corto plazo (las cajas) y el privado. La seguridad social se encuentra en manos de dirigentes de la COB, y al estar politizada la gestión es ineficiente.
Durante la pandemia por el Covid-19, miles de familias bolivianas vendieron sus bienes y quedaron endeudadas para cubrir los altos costos de algún familiar enfermo en las unidades de terapia intensiva. Los testimonios son elocuentes: hay casos de personas que debían gastar 1.000 dólares por día. Los seguros, al no tener los medicamentos, pedían a los familiares que ellos compren y que después les devolverían los gastos, cosa que nunca ocurrió.
Muchas cosas son críticas en el país, pero si hay alguna en la que la situación es realmente frustrante y sensible porque implica enfermedad, muerte y gastos millonarios de las personas, ese es el sistema de salud.