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Recuperar el centro y el amor propio

Lunes, 10 de enero de 2022 a las 20:00

Con más frecuencia del que quisiéramos, en este espacio nos hemos referido a las lamentables condiciones en que se encuentra el centro de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, aquel que comprende las calles históricas y tradicionales de la capital y que se encuentran dentro del primer anillo: descuidado, inseguro, oscuro, sucio, envejecido y sin conservación, son apenas algunos de los muchos desafortunados adjetivos que calzan perfectamente a un lugar querido, pero completamente deteriorado.

En una entrevista publicada en EL DEBER este domingo, la directora de la Secretaría Municipal de Cultura y Turismo, Sarita Mansilla, reconoce que hay que trabajar y ponernos manos a la obra para salvar el centro urbano cruceño, pero a la vez enfatiza que esa es una tarea de todos, no solo de las autoridades municipales, sino también del conjunto de los ciudadanos.

“El que reclama también debe pensar qué está haciendo por su ciudad y qué puede hacer para mejorarla, para embellecerla, para no ensuciarla”, dice ella y con esas expresiones describe con crudeza y sin ambages el deterioro esta vez ya no de las calzadas, aceras, paredes, alumbrado y otros detalles de las calles, sino también de la cultura ciudadana cruceña, esa que corresponde a cada habitante de esta ciudad.

Solo por citar un ejemplo, ¿dónde quedaron los sanos hábitos del pasado, que se recuerdan casi como postales en blanco y negro, en los que se veía a dueños de casa barriendo de madrugada sus aceras y cuidando como propia la cuadra donde habitaba? En aquellos tiempos los vecinos hacían suya la ciudad y la cuidaban con cariño, con ese amor propio que hoy parece desaparecido.

Hoy es más común la escena en la que se observa a hombres, mujeres o niños tirando la basura en algún rincón oscurecido, soltándola por la ventana de los vehículos, o amontonándola en basureros llenos en días en que no pasa el camión recolector.

Peatones que se resisten porfiadamente a respetar las normas del tránsito de vehículos y personas, que cruzan las calles por donde se les ocurre o que aparecen de pronto en media cuadra saliendo del espacio que dejan entre ellos dos micros cercanos, y provocan accidentes de tránsito donde el que terminará pagando los platos, y a veces llega a la cárcel, es el conductor.

Conductores, a su vez, que no respetan las señalizaciones, que estacionan sus autos en doble fila, que parquean frente a los garajes, que no usan los guiñadores para doblar una esquina o para estacionarse.

Está haciendo falta comportarse, en definitiva, como buenos vecinos, como corresponsables de la buena salud de la ciudad, convencerse de que la ciudad no son las autoridades, sino los ciudadanos; que esa apropiación de derechos que nadie discute implica a la vez apropiarse de las responsabilidades: derechos y obligaciones, como suele decirse comúnmente.

Recuperar el centro urbano cruceño corresponde en parte a las autoridades municipales, que tendrán que generar un plan estratégico que revitalice aquellos lugares; pero también ya es tiempo de que los habitantes de la ciudad acompañen su crecimiento y modernización con una nueva conciencia ciudadana de apropiación de la urbe y comprender que vivir en ella incluye cuestionarse a diario qué y cuánto hace uno mismo por esta casa grande que nos acoge. No solo es reclamar, ni −peor aun− ser indiferente.

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