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¿Prensa al banquillo?

Sabado, 22 de febrero de 2025 a las 06:41

Hasta siete periodistas han sido citados por la fiscalía anticorrupción de La Paz, a la cabeza de Hernán Kiffer Aranda, para que declaren en el proceso por terrorismo que se sigue contra un concejal de Mairana acusado de financiar el brutal bloqueo que se instaló en esa localidad de los valles cruceños. Leído así, pareciera un proceso normal y rutinario, en el cual los informadores ‘colaborarían’ con la justicia para resolver un caso en su etapa probatoria. 


¿Qué se pretende, entonces, con estas actuaciones de la Fiscalía? Desde las esferas judiciales justifican las citaciones como parte de un proceso de recopilación de información que ayudará a esclarecer un hecho investigativo. Piden a los periodistas que revelen sus fuentes y sus investigaciones para agilizar el proceso de instrucción. Es decir, que sean los periodistas los que suplanten la función investigativa de la policía judicial. 


Puesto en contexto, las citaciones conllevan una segunda intención. Citar a los periodistas a tribunales para que expliquen cómo realizan su trabajo y cuáles son sus fuentes de información incide directamente en el ejercicio de su profesión. De revelar sus fuentes, bajo mandato judicial, se rompería el vínculo de confidencialidad creado con éstas y, por tanto, dejaría al periodismo al margen de la información relevante que autoridades políticas, económicas o policiales pretenden mantener en silencio. Matarían gran parte del ejercicio periodístico que consiste en revelar verdades ocultas que afectan al poder.


La determinación de la justicia, de convocar a siete periodistas, no es nueva. Con anterioridad, ya se intentó proceder de la misma manera con otros informadores. Incluso, en algún caso, se obligó, bajo sentencia judicial, a borrar las publicaciones realizadas en medios digitales. 


La defensa de los periodistas, tanto en este último proceso como en los anteriores casos, se ampara en la Ley de Imprenta para hacer respetar su secreto profesional y resguardar el anonimato de sus fuentes. Así, garantizan que estas mismas fuentes, claves en investigaciones informativas, sigan aportando datos trascendentales para nuevas averiguaciones. Con estas revelaciones, el buen periodista inicia sus propias indagaciones y cuestiona a las autoridades sobre una realidad de la cual poco o nada desean revelar.


El periodismo moderno ha evolucionado de múltiples maneras. La fugacidad de las redes convive con la vigencia de los medios tradicionales. Cada cual cumple una función en la sociedad; aunque, es necesario reconocerlo, no siempre de la mejor manera. Son los riesgos intrínsecos a una profesión cuya esencia es la libertad. El filósofo Albert Camus se desempeñó como periodista antes de dar el salto a la novela. Y, desde su experiencia, ya vislumbraba esta realidad: “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala.” 


Los intentos reiterados de amedrentar a quienes ejercen esta singular profesión responden al interés por controlar el relato público. Acallar la prensa independiente y cuestionadora fortalece el mensaje unitario que emana desde el poder y simplifica la opinión pública en torno a una sola mirada de la realidad.


El maestro del periodismo Javier Darío Restrepo enfatizaba en la labor que, como informadores, nos compete. “El periodismo indispensable es aquel que abre los ojos y mantiene el interés sobre el bien común de todos”, enfatizaba. Con el reto de mantenernos en el camino correcto del periodismo de servicio, ratificamos nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad.

 

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