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Los malos son ruidosos, pero no son mayoría

Lunes, 09 de junio de 2025 a las 00:00

El evismo intenta amplificar el pedido de renuncia del presidente Luis Arce Catacora. Son algunos dirigentes y sus corifeos quienes pretenden que se llegue a ese extremo. La pregunta es si la dimisión del primer mandatario devolverá dólares, combustible y certidumbre a la ciudadanía. La otra pregunta es si esta renuncia será suficiente para saciar el hambre de caos y violencia que tienen Evo Morales y sus afines.


¿Qué pasa si renuncia el presidente? La Constitución establece que hay una sucesión constitucional. Es decir, asumiría el vicepresidente David Choquehuanca hasta el término del mandato el 8 de noviembre. Eso en lo formal. En lo real, queda claro que el evismo busca la solución por el desastre y que en ese rumbo no dudará en pasar por encima del vicepresidente, el presidente del Senado y de diputados. Ya lo hizo una vez, ¿por qué no lo haría de nuevo? Su verdadero objetivo es que no haya elecciones sin él, al costo que sea.


El clima social boliviano es tenso. El diagnóstico está claro. Una persona, cuyo financiamiento llega quién sabe de dónde, no tiene escrúpulos en destrozar todo con tal de volver al poder. Evo Morales está alentando a los bloqueos, a la violencia e incluso a la amenaza física contra autoridades nacionales. Ya Evo Morales cruzó la línea de la legalidad y se sostiene en la amenaza y la vulneración de las normas. ¿Cómo más puede entenderse que se impida el paso de una ambulancia, que se agreda a los pacientes y a los médicos que eran trasladados, además de intentar quemar el vehículo? ¿cómo leer el amedrentamiento y el llamado a tumbar al presidente?


Al lado de Evo Morales están actuando grupos irregulares armados. Tienen financiamiento y no convicción. Son sociópatas a los que no les importa causar perjuicios y dolor con sus acciones. Mientras que quienes organizan y lideran esta tortura al país son los que antes perseguían, acusaban y encarcelaban y que son maestros en armar relatos para mostrarse como víctimas. Lo malo es que aún hay quien les cree.


La democracia está en peligro. Los vocales del Tribunal Supremo Electoral ya no saben cómo clamar por protección. El Gobierno no está dando la talla para imponer el orden y liberar a los bolivianos de tanta violencia sistemática. Hay quienes dicen que tampoco le interesa restablecer el estado de derecho, porque así tiene excusa para justificar la falta de combustibles, la inflación y el encarecimiento de los dólares. ¡Bolivia no tiene quién la defienda!


¿Qué dice Andrónico Rodríguez de todo esto? ¿Está de acuerdo con el accionar de su mentor Morales o puede llamar a levantar los bloqueos para dejar pasar a los que están varados? ¿Por qué este candidato permanece callado frente al desastre? ¿Es que acaso normaliza la violencia política? Hay que subrayar todo esto, porque el día de mañana – en campaña- pretenderá enarbolar los valores de la democracia, la defensa de los derechos humanos y de los pobres, después de no haber dicho “esta boca es mía” cuando todos estos principios se pisotean.


Carlos Eduardo Del Castillo y Eva Copa son hijos del evismo. Ahora se muestran circunstancialmente distantes, pero también se extraña su voz y su acción cercana al poder para confrontar tanto abuso.


A la violencia política se suma la violencia económica que están soportando las familias. El alza de precios está imparable, la inflación está por encima de las peores predicciones y la producción está estancada. El Fondo Monetario Internacional recomienda medidas de ajuste inmediato y, aún actuando con celeridad, asegura que salir de la crisis tomará al menos dos años. A ello hay que añadir que -según encuestas de Ipsos Mori- casi la mitad de la población consultada no está dispuesta a asumir el costo de salir del desastre en que nos dejó el Movimiento Al Socialismo.


A pesar de todo esto, la esperanza está puesta en las elecciones del 17 de agosto y el cambio de mando gubernamental el 8 de noviembre. Por eso, es vital defender el proceso electoral a capa y espada. No es justo y no es posible que Evo Morales siga secuestrando el futuro de los bolivianos. La sociedad civil debe exigir acciones, el Gobierno de Luis Arce debe dar la talla para poner orden y los candidatos deben cerrar filas para avanzar a los comicios. Que los malos sean más ruidosos no significa que sean mayoría ni que tengan la prerrogativa de causar tanto daño a Bolivia.
 

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