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El legado del inolvidable ‘Bigotón’

Domingo, 16 de noviembre de 2025 a las 04:00

    

La figura de Xabier Azkargorta ocupa un lugar singular en la memoria del fútbol boliviano. Más que un entrenador extranjero que pasó por el país, el entrañable ‘Bigotón’ se transformó en un símbolo generacional, un referente emocional y un nombre que aún evoca la única clasificación mundialista lograda en juego por una Selección boliviana a la cita ecuménica de 1994 en los estadios de Estados Unidos. Su presencia en Bolivia, con algunas intermitencias, a lo largo de décadas, deja tejida una relación que rebasa el deporte para instalarse en el reconocimiento y los afectos del país.
En medio de unos fuertes cuestionamientos de un sector del periodismo nacional que incluso colocó en tela de juicio su trayectoria y capacidad, Azkargorta llegó a Bolivia a comienzos de los años 90. Lo hizo con un discurso distinto al habitual: profesional, exigente, moderno para los estándares de la época. En un medio dominado por la improvisación, su metodología -basada en la planificación, la disciplina y el enfoque psicológico- fue un golpe de aire fresco. Supo leer la idiosincrasia del futbolista boliviano, elevar su autoestima, potenciar sus virtudes técnicas y compensar carencias estructurales con orden táctico, confianza y un profundo sentido de pertenencia. Su equipo, la Selección nacional, no solo jugaba bien: creía en sí mismo.
El punto culminante llegó en 1993, con la histórica clasificación al Mundial de Estados Unidos del año siguiente. Aquella campaña, coronada con el triunfo electrizante e inolvidable por 2-0 sobre Brasil en el estadio Hernando Siles, no fue solo un logro deportivo; se convirtió en un acto de afirmación nacional. En un país marcado por crisis económicas y políticas, la Selección ofrecía una rareza: un proyecto exitoso basado en trabajo colectivo. Azkargorta supo canalizar ese momento como pocos entrenadores lo han hecho: con liderazgo sereno, autoridad pedagógica y una lectura emocional que conectó con la gente. Por eso su figura trascendió el banquillo y se instaló en la memoria popular.
Con los años, el ‘Bigotón’ volvió en distintas etapas y roles: como seleccionador, como director deportivo, como consultor institucional o como entrenador de clubes. No siempre con los mismos resultados, pero siempre con la misma convicción de que Bolivia podía -y debía- aspirar a más. Su visión de largo plazo chocó muchas veces con las limitaciones del entorno, la inestabilidad dirigencial y el cortoplacismo del fútbol local. Sin embargo, aun en medio de esos desencuentros, mantuvo un vínculo afectivo con los bolivianos: un lazo que no depende de los triunfos recientes, sino de la huella profunda que dejó en una generación de futbolistas y aficionados.
Hoy, cuando el fútbol boliviano atraviesa desafíos estructurales y busca reencontrarse con un proyecto de renovación y metas ambiciosas, la figura de Azkargorta aparece como referencia obligada. No por nostalgia, sino porque representa un tipo de liderazgo que combinó el rigor europeo con la sensibilidad latinoamericana; un modelo que demostró que, con estructura y confianza, Bolivia podía competir al máximo nivel.
La trayectoria de Xabier Azkargorta en Bolivia no es solo la historia de un entrenador exitoso. Es, sobre todo, la referencia de una relación duradera entre un país futbolero y un estratega que supo escucharlo, comprenderlo y soñarlo. Su legado sigue siendo un recordatorio de que el fútbol, cuando se trabaja con convicción, seriedad, planificación y respeto, puede convertirse en un proyecto colectivo capaz de transformar algo más que un marcador. Por eso, el legado del ‘Bigotón’ es tan apreciado como inolvidable para los bolivianos.
 

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