El presidente Rodrigo Paz apostó por un gabinete técnico para afrontar la profunda crisis que atraviesa el país y encarar la reforma del Estado. Para tareas de tal envergadura, el mandatario considera indispensable abrir paso a la meritocracia y la eficiencia. Y, a juzgar por los perfiles profesionales de los 14 ministros posesionados, sus premisas parecen cumplirse en gran medida.
A simple vista, sus designaciones marcan un quiebre respecto a los gobiernos del MAS, donde no fueron pocas las veces en que los nombramientos respondieron más a cuotas de poder y lealtades sectoriales que a criterios de idoneidad o trayectoria.
Un repaso preliminar a los ministerios más relevantes permite identificar varios puntos a favor. La cartera de la Presidencia está ahora en manos de un economista con amplia experiencia en organismos internacionales y en la función pública, atributos que le otorgan solvencia y confianza. En Economía, un experto en desarrollo e investigación, con pasado en el Banco Central, tiene la misión de reconstruir una institución clave que perdió buena parte de su institucionalidad.
En Hidrocarburos asume un exministro con trayectoria como consultor internacional en un campo tan complejo como decisivo. Y en Relaciones Exteriores, un profesional con experiencia en gestión pública y cooperación internacional promete una Cancillería enfocada en resultados, libre de la carga ideológica que caracterizó a anteriores administraciones.
Los ministerios productivos y de desarrollo recaen ahora en dos líderes del empresariado cruceño. Era hora de que la región más dinámica del país tuviera responsabilidad directa en su propio desarrollo, después de haber sido tratada con recelo por los gobiernos del MAS a la hora de definir políticas que impactan a todo el país.
Aunque la presencia femenina es limitada, dos de las tres ministras asumen carteras estratégicas: Salud y Educación. Para ellas, el desafío es enorme y urgente. La ministra de Salud es médica con formación en salud pública, lo que ofrece una base sólida para encarar reformas de fondo. En Educación, la nueva titular deberá lidiar con uno de los gremios más complejos del país, pese a que su experiencia en el sector es aún limitada.
Es natural que surjan objeciones a uno u otro perfil. Algunos grupos ya reclaman espacios en el gabinete bajo el argumento de que “aportaron votos” al presidente. Otros exigen diversidad estricta en términos identitarios o sectoriales, como si esos criterios fueran por sí mismos garantía de buen desempeño. Los más radicales incluso atribuyen a los nuevos ministros intenciones o políticas que aún no han tenido tiempo de formular, en un afán de desgastar antes de que el gobierno inicie efectivamente su labor.
Pero es el presidente Paz Pereira quien recibió un mandato mayoritario para llevar adelante su proyecto de país. Ha sido transparente al presentar sus lineamientos para superar la crisis y transformar el Estado. Corresponde, por tanto, que tenga la potestad de elegir a sus colaboradores y que ellos cuenten con el tiempo necesario para demostrar su capacidad.
Los desafíos que enfrentan son enormes. Deberán articular políticas con sectores clave, recuperar la confianza ciudadana y demostrar resultados en el corto plazo. Lo que no puede repetirse es el viejo esquema de presiones sectoriales, clientelismo y corporativismo que tanto daño hizo a la gestión pública en el pasado.
Si este gabinete logra imponer la meritocracia sobre la complacencia y las políticas de Estado sobre las agendas particulares, podrá sentar las bases de la reconstrucción. Bolivia no necesita un gobierno repartido entre grupos de presión; necesita un gobierno que gobierne para todos.