Hasta que pase algo. Y luego toque lamentarse. La escena se repite todos los miércoles por la noche en la avenida San Martín. Allá se juntan un centenar de autos tuneados y motos con el único objetivo de hacer bulla, quemar llanta y mostrar sus caballos de potencia. Los mirones, aficionados a este tipo de reuniones, no faltan y copan las calles para ver cómo aceleran esos motores. La aglomeración de gente y la imprudencia al volante son un cóctel fatídico para atraer la desgracia. Como en otras ocasiones, la Policía brilla por su ausencia. Es más, a pesar de recorrer esa avenida de manera regular (me consta por que ya van un par de noches que nos interpelan cuando nos retiramos del trabajo), los miércoles se hacen humo, cual neumático patinando sobre el asfalto.
Confusa campaña electoral. Cansados de una interminable elección presidencial, el país avanza hacia una nueva cita con las urnas. Esta vez, la intensidad electoral está multiplicada tanto por la mayor cantidad de postulantes como por la duplicidad en la decisión, puesto que se debe elegir alcaldías y gobernaciones. La lista de candidatos es casi interminable. La confusión se incrementa entre los habilitados y los inhabilitados. Por ahora, los diversos frentes electorales no logran claridad con sus postulaciones. Se conoce al candidato principal, pero todavía hay sombras sobre quienes lo acompañarán en el legislativo. Se suma a eso la gran cantidad de nombres desconocidos que ocupan las listas. Esperemos que los mismos partidos hagan un buen trabajo comunicacional para presentar, con trasparencia, a sus opciones. El ciudadano, más que nunca, necesita ese aporte de los políticos.