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Cara a cara

Sabado, 24 de enero de 2026 a las 07:22

      

Ricardo Peña retornaba tranquilamente a su casa después de trabajar sus cultivos. A sus 76 años, Ricardo dista mucho de ser un gran empresario del agro o de poseer, de manera camuflada, enormes extensiones de terreno. Aun así, era un peligro para un sector de los interculturales que hace años ocupó las tierras en San José de Chiquitos. Ricardo, cacique de su comunidad y una autoridad al estilo chiquitano, defendía su identidad y reclamaba los derechos ancestrales adquiridos por años de trabajo y cuidado de la tierra 
El cacique chiquitano no ha hablado; y sin embargo ha provocado una catarata de reacciones. Después de conocerse la despiadada agresión que sufrió, se reabrió una herida profunda en las serranías de Chiquitos. El dolor de Ricardo se transformó en la bronca de un pueblo que reclamó atención urgente. Hablaron poco. No son un pueblo de discursos elocuentes o congresos multitudinarios. Dijeron mucho. Una sola imagen, la de Ricardo en la cama del hospital, movilizó a las autoridades de un país.
Al igual que Ricardo hay cientos de chiquitanos oriundos agredidos, desplazados e incluso encarcelados. La rabia acumulada por años está a punto de estallar. Es una rabia contra los avasallamientos. Sí. También es una rabia contra el olvido. También. El jueves autoridades nacionales y departamentales se reunieron con empresarios del agro preocupados por los avasallamientos. Es muy posible que la historia de Ricardo haya acelerado esta reunión pendiente. A pesar de eso, poco se habló de Ricardo y los chiquitanos en la reunión. El dolor de Ricardo fue la excusa para que los productores medianos y grandes resuelvan sus problemas, muy aparte del reclamo y del pedido de los indígenas chiquitanos. 
Esperemos que no queden, nuevamente, en el olvido. Esperemos que el pedido generalizado de frenar los avasallamientos atienda los reclamos de los cientos de chiquitanos que aspiran a vivir el día a día en un diálogo sincero con su tierra.
 

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