Avanza la campaña sin grandes propuestas. Los candidatos, tanto a la Gobernación como a la Alcaldía, centran sus estrategias discursivas en remarcar las debilidades de la gestión saliente para así realzar sus perfiles. Más que postulantes a una administración pública, se proyectan como avezados analistas que desmenuzan los errores de los gobernantes en ejercicio. Las propuestas, esas que deberían decantar el voto ciudadano, apenas se pincelan con unos eslóganes retóricos carentes de contenido.
¿Hay propuestas? La pregunta retumba entre los ciudadanos. Los candidatos se turnan en las sillas de los sets (televisivos, radiales y, cada vez más, de los podcasts) con la intención de conquistar nuevos votos. Muchas de estas participaciones se han convertido en amables presencias testimoniales (pagadas, reveló uno de los candidatos desnudando el silencio secreto del resto) más dispuestas a ganar seguidores que a profundizar planes de gobierno y propuestas de gestión.
Nos creen ‘votontos’. El término corresponde a un pensador español moderno, de esos que dedica más tiempo a los contenidos digitales que a escribir libros (los tiene y son excelentes). Con esa variación irónica del lenguaje, Fabián C. Barrios resalta el papel de un conjunto de votantes convencidos que las soluciones se construyen desde las personas y no desde las acciones. Es decir, un grupo fanatizado con la figura de un candidato – algunos le dicen líder – que validará todo lo que proponga, aún sabiendo que sus propuestas son ensoñaciones irrealizables, con tal de ensalzar las bondades que representa. En este escenario de múltiples grupos de ‘votontos’, la verdad está en las personas, no en las propuestas reales. El voto, por tanto, se conquista desde el marketing político y no desde la gestión planificada de una ciudad o región.