La palabra irrumpe con fuerza en este tiempo de elecciones y su práctica ya es casi habitual en las redes sociales de los bolivianos. Su significado alude a una práctica engañosa que pretende hacer creer que una corriente de opinión tiene un origen genuino, cuando en realidad busca tendenciosamente agitar las aguas o favorecer a alguien, que es precisamente quien la financia. Las herramientas son los bots o programas informáticos para realizar tareas automatizadas en internet; en este caso son sistemas que se programan para repetir mensajes a favor o en contra, generalmente usando cuentas falsas..
Conocí la palabra y entendí cómo es esta práctica a partir de la lectura del libro Confesiones de un bot ruso, escrita por un hombre que fue parte del esquema que produce desinformación y en este artículo comparto algunas de las ideas planteadas y el riesgo para quienes creen inocentemente que en las redes no pasa nada.
Las redes sociales tienen fuerte presencia en Bolivia como en otros países. La más popular es TikTok, seguida de Facebook y Youtube, ni qué decir las de mensajería, como WhatsApp. Es precisamente por estos canales que se alimenta la desinformación, entendida no solo como noticia falsa, sino también como posverdad, que es la manipulación de la verdad con la finalidad de generar emociones e impulsos en los usuarios. En el país hay más de 13 millones de conexiones a internet y al menos seis de cada 10 personas tienen cuentas en una o en varias redes sociales. La penetración es inmensa.
El astroturfing es una práctica que tiene larga data en el mundo y también en el país. En el mundo digital hay infinidad de bots generando esta desinformación, con el fin de influir en la opinión pública, en un tiempo en el que la información es un arma estratégica de dominio y control.
Ya habíamos hablado de que, así como la red es una venta a nuevos conocimientos, también nos encasilla el cerebro, nos hace validarnos entre iguales y es ahí donde vamos dejando huella de cómo percibimos, cómo sentimos y cómo actuamos para reforzar los miedos, las broncas y los sentimientos que vamos expresando en un ‘me gusta’, en una carita enojada o en un emoticón de risa. Nada queda fuera de control y todo es arma de manipulación. Hay que saberlo.
Ese es el contexto en el que los bots usan esa huella que vamos dejando para construir narrativas alternativas y la experiencia en varios países muestra que así se influyó en procesos electorales, en guerras, etc. Los bots suelen operar para sembrar dudas, dividir sociedades, desacreditar instituciones, gobiernos y también personas. Mediante el uso de los algoritmos que nos conocen más que nosotros mismos se difunden contenidos polarizantes, que vuelan en la red y cuyo relato se adapta a cada audiencia. En esta lógica no importa tanto la veracidad, sino el volumen y la repetición de mensajes para moldear percepciones. Son operaciones sicológicas.
Generalmente los objetivos no son nobles, porque se usan para buscar el descrédito del adversario, para lograr que las instituciones dejen de ser creíbles y que la duda reine sobre la verdad, en suma, se busca que domine el desorden. Para lograrlo, se crean miles de cuentas falsas y se pretende hacer ver que hay infinidad de voces que opinan de una misma manera.
Entonces aparece el pensamiento colectivo al que muchos seres de carne y hueso se unen en el marco de la comodidad, la evasión de la realidad o simplemente la necesidad de sentirse parte de lo que está aconteciendo.
Los estudios que se están haciendo sobre las conversaciones de los bolivianos en las redes sociales demuestran que prevalece la guerra sucia y el ataque, a la vez que hay la tendencia a dar porras a ciertas propuestas de los candidatos, que son presentadas como slogan sin profundidad. Eso demuestra que hay astroturfing en acción en el proceso electoral nacional y que cada individuo es la materia prima para potenciar el objetivo de candidatos y detractores. También demuestra que los ciudadanos no tienen el control, sino que, por el contrario, son objeto de manipulación.
Entonces, ¿cuál es la salida? Al menos ser conscientes de lo que pasa en las redes y de cuáles son las estrategias usadas para manipularnos, porque si cada quién se va dando cuenta es más difícil que sea blanco de estas prácticas cotidianas. Al menos así se puede frenar la réplica infinita de mensajes que dañan antes que construir.
Bolivia se juega mucho en las próximas elecciones y, ahora más que nunca, un opositor puede llegar a la Presidencia. Obviamente esto no es aceptado por lo que gobernaron durante 20 años, mientras que en el bloque opositor hay una pelea sin cuartel para estar en el primer lugar. Entonces, hay caldo de cultivo suficiente para querer posicionar corrientes de opinión y tendencias de pensamiento aún cuando sea mediante el uso de bots y de astroturfing. Hay que estar atentos y no caer en la trampa.