La pandemia ha puesto en evidencia uno de los principales problemas mundiales de la educación. Las limitaciones de acceso de los menores a los sistemas educativos regulares viene de antes, pero, con las cuarentenas y confinamientos dispuestos en muchos países, se ha agudizado. Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, reflejan que 1 de cada 4 niños de 5 años no ha recibido nunca ningún tipo de educación preescolar. Esto representa 35 millones de los 137 millones de niños de 5 años en todo el mundo.
Los caminos para revertir este retroceso han centrado el debate en la Conferencia Mundial sobre Atención y Educación de la Primera Infancia de la UNESCO, que se celebrará en Taskent (Uzbekistán) y concluye este miércoles. En el marco del mencionado foro, la organización dependiente de la ONU reafirmó el derecho de cada niño pequeño a una atención y educación de calidad y pedirá que se invierta más en los niños y las niñas durante el periodo comprendido entre el nacimiento y los ocho años de edad.
En 2021, datos ofrecidos desde Unesco, sólo el 22% de los estados miembros de las Naciones Unidas han impuesto la obligatoriedad de la enseñanza preescolar, y sólo el 45% ofrecen al menos un año de enseñanza preescolar gratuita. Solo 46 países han adoptado la educación preescolar gratuita y obligatoria en sus marcos legales.
Las investigaciones realizadas desde Unesco y otras instituciones vinculadas a la educación demuestran los beneficios de la atención y educación de la primera infancia (AEPI). A pesar de los datos más que evidentes, solo la mitad de los países garantizan la educación preescolar gratuita.
¿Qué reflejan los estudios sobre la educación de la primera infancia?
El periodo que va desde el nacimiento hasta los ocho años se caracteriza por el desarrollo significativo del cerebro de los niños y constituye una ventana de oportunidades esencial para la educación. El documento de la Unesco considera que los niños sanos aprenden bien durante sus primeros años, están más capacitados para alcanzar su pleno potencial de desarrollo como adultos y participar eficazmente en la vida económica, social y cívica.
Los aportes de la neurociencia enfatizan en la importancia de los entornos. Las primeras experiencias del niño pueden proporcionarle una base sólida o frágil para el aprendizaje, el desarrollo y sus comportamientos posteriores.
Por su parte, las ciencias de la educación han demostrado que la participación en los programas de atención y educación de la primera infancia aumenta la preparación de los niños para la escuela y reduce la diferencia entre los niños socialmente favorecidos y los desfavorecidos desde el primer día de escuela. La pandemia del Covid-19ha dejado su marca devastadora en la AEPI y ha amplificado su crisis. Los niños pequeños han sido considerados las mayores víctimas de la pandemia. El retorno a las aulas recibió a muchos niños sin ninguna experiencia organizada de aprendizaje, algo que afecta su preparación para la escuela. Los datos recabados proporcionan las primeras ideas sobre la repercusión de la pandemia de Covid-19 en el desarrollo de la primera infancia. Por ejemplo, se ha estimado que el cierre de los servicios de AEPI ha dejado a 10,75 millones de niños lejos de alcanzar su potencial de desarrollo en los primeros 11 meses de la pandemia. Los datos de los pocos países que miden el desarrollo y el aprendizaje demuestran que las pérdidas de aprendizaje son considerables y desiguales. El pedido de Unesco para los gobiernos dimensiona el valor de las políticas pertinentes para recuperar y transformar los sistemas de AEPI. Demanda acciones que atiendan los desafíos en pro de la inclusión y la cohesión social, el crecimiento económico y para hacer frente a otros desafíos del desarrollo sostenible. Sugiere una serie de políticas y medidas políticas que se han instituido para reforzar la capacidad de los sistemas de enseñanza en la primera infancia. Entre las recomendaciones propuestas destaca la necesidad de ampliar y diversificar el acceso, es decir, aumentar la inversión y establecer un marco jurídico para ampliar los servicios de AEPI como pasos esenciales. Algunos países han desplegado mecanismos innovadores como jardines de infancia móviles con docentes y equipos para el aprendizaje y el juego, para llegar a zonas remotas y proporcionar a los niños educación preescolar. También se propone mejorar la calidad y la pertinencia de la educación a la primera infancia. Los marcos curriculares de la AEPI deben abarcar diferentes aspectos del aprendizaje de la primera infancia y preparar a los niños para que adquieran los conocimientos, las capacidades y las disposiciones esenciales para transitar sin problemas hacia la educación formal, recoge el documento mencionado. La secuencia debe garantizar en primer lugar un enfoque de “aprendizaje basado en el juego” y que los niños estén equipados con las primeras capacidades básicas de lectoescritura, aritmética y del ámbito socioemocional que les permitan estar preparados para participar con éxito en la educación primaria.