María no sabe cuándo, cómo, ni por qué, su hijo, de 29 años se hizo adicto a las drogas y al alcohol. Con lágrimas en los ojos, cuenta que hace como 7 años, la afición de su hijo por los discos de vinilo lo llevó a conocer a un joven argentino que compartía similar pasión, con quien salía en busca de estos discos y, aparentemente, fue quien lo introdujo en el consumo de las drogas. “Amo a mi hijo. Hemos hecho de todo para ayudarlo y para que haga tratamiento. Mi hijo no quiere asumir que tiene una adicción. Me duele que, al limpiar la casa, a veces, encuentro botellas pequeñas de trago y droga oculta en los lugares más inesperados de la casa”, dice la afligida madre, quien decidió apoyar a su hijo con la esperanza de que un día diga “basta, quiero curarme”. Las adicciones son comportamientos compulsivos y repetitivos que una persona no puede controlar, a pesar de las consecuencias negativas que puedan surgir. “Una adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación. Se caracteriza por un conjunto de signos y síntomas, en los que se involucran factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales”, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Omar Pacheco Velasco, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, indica que las adicciones están relacionadas con sustancias, como son las drogas o el alcohol, y conductas, como son el juego o los videojuegos. “Debemos precisar, sin embargo, que algunas personas pueden tener una predisposición genética o psicológica a desarrollar adicciones. Factores como la genética, el entorno familiar, el estrés y las experiencias traumáticas pueden aumentar el riesgo”, explica el académico. Las adicciones no se limitan a sustancias químicas. Se reconocen adicciones conductuales, como la adicción a los videojuegos, el juego de azar, la comida, el trabajo, entre otras. Estas adicciones –según Pacheco– pueden afectar negativamente la vida diaria y el bienestar de la persona y se distinguen siete formas más comunes: Al alcohol. El consumo desmedido de alcohol está asociado a un amplio listado de enfermedades cardiacas, hepáticas, digestivas y cerebrovasculares. Además, en ocasiones, se esconde detrás de conflictos familiares, despidos laborales y conductas agresivas. Al tabaco. La nicotina está legalizada por lo que la normalización de su consumo, ha desencadenado que muchas personas se conviertan en adictos a ella. A las drogas. Esta adicción suele desencadenar conductas agresivas derivadas del síndrome de abstinencia, deterioro cognitivo, enfermedades, problemas económicos y la pérdida de pareja, familiares y amigos, entre otras consecuencias. Al juego. El adicto al juego descuida sus relaciones sociales y se evade de sus compromisos y responsabilidades cotidianas. A la cafeína. Su consumo está estrechamente relacionado con episodios de estrés, insomnio o falta de descanso. Al móvil e Internet. Los adictos experimentan una sensación de desorientación, ahogo y ansiedad si dejan el teléfono en casa o si se quedan sin cobertura o conexión Wi-Fi. A los psicofármacos o medicamentos que causan una alteración psicológica. Se debe al aumento de cuadros de ansiedad o depresión que son tratados con este tipo de fármacos. Además, existen otras muy extendidas socialmente como la adicción al sexo, a las compras, al trabajo, a la actividad física o a la comida. El tratamiento de las adicciones a menudo requiere un enfoque multidisciplinario Atención multidisciplinaria El tratamiento de las adicciones a menudo requiere un enfoque multidisciplinario. Según el profesional psicólogo, “la combinación de intervenciones médicas, como la desintoxicación en casos de sustancias, y la terapia psicológica, como la terapia cognitivo-conductual, suele ser efectiva. También se pueden incorporar programas de apoyo y cambios en el estilo de vida”. En la mayor parte de los casos, el tratamiento de la adicción, ya sea a la sustancia o a la conducta, es el mismo. En primer lugar, es muy importante que el individuo se aísle de aquello que le genera dependencia. En segundo lugar, es imprescindible diseñar rutinas estrictas pero enriquecedoras con la práctica deportiva, talleres, senderismo o terapias grupales. El tratamiento debe ser pautado y seguido por un médico especialista en salud mental, en base a las necesidades de cada paciente y de sus familias. Prevención La prevención de las adicciones implica educación, conciencia y el fomento de habilidades de afrontamiento saludables. Pacheco considera que esto puede incluir promover un entorno familiar estable, enseñar habilidades para manejar el estrés, fomentar relaciones saludables y proporcionar información sobre los riesgos asociados con el uso de sustancias o comportamientos adictivos. Es importante destacar que el apoyo social y la comprensión son cruciales en el proceso de recuperación de una adicción. “La detección temprana y la intervención son clave para abordar el problema de manera efectiva. Además, es de suma importancia eliminar el estigma asociado con las adicciones para fomentar un ambiente en el que las personas se sientan cómodas buscando ayuda”, finaliza el psicólogo.