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La relevancia de la política exterior

Jueves, 09 de noviembre de 2023 a las 18:00
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En diciembre de 2022 un fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre el diferendo entre Bolivia y Chile por las aguas del Silala, resultó ser un desacierto de la Diplomacia boliviana que terminó reconociendo antes del fallo que se trataba de un rio internacional de curso sucesivo, lo cual fue antecedido por el revés más penoso que sufriera la política exterior boliviana en lo que va del presente Siglo, también en la misma Corte, que significó perder la última aspiración y esperanza de reivindicación de una salida libre y soberana al mar.

A estos yerros se deben sumar los vaivenes del servicio Diplomático Exterior que dañan la imagen del país, dada su improvisación y excesiva politización, tal el caso del ex Embajador en Paraguay, retirado por irrespeto al país en el que nos representaba o el reciente rechazo al nombramiento de una ex Diputada como Cónsul en el vecino país del Perú. En suma, un Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de escasa relevancia en el relacionamiento externo, político y económico del país.

En materia de relaciones económicas internacionales en veinte años no hemos logrado un solo acuerdo comercial nuevo con ningún país, salvo las renegociaciones y enmiendas a los acuerdos con México y los acuerdos con Cuba, Venezuela y Nicaragua en el marco de la Alianza Bolivariana de la Américas, que representaron para Bolivia un esfuerzo diplomático e inversiones importantes en la conformación de la UNASUR que se diluyó sin ninguna repercusión para la integración política y económica de la región.

Producto del acercamiento político con China y Rusia se han logrado algunas concesiones unilaterales no reciprocas para la exportación de carne de bovino, lo que permitió expandir las exportaciones bolivianas hacia estos mercados, que responden a una coyuntura de precios internacionales y condiciones sanitarias con las que puedan llegar nuestros productos a estos mercados, que reciben grandes exportaciones de carne bovina del Brasil, Paraguay y Argentina en las mismas condiciones de acceso al mercado.

En la Comunidad Andina, donde a partir de este año ejercemos la Presidencia Pro Tempore, tenemos un serio conflicto con el Perú ante una eminente retaliación por incumplir un fallo del Tribunal de Justicia Andino sobre el trato discriminatorio a los transportistas peruanos en la provisión de combustible a precio diferenciado del subsidiado a los transportistas bolivianos que operan en el transporte binacional. A esta situación se suma la próxima incorporación de Bolivia al MERCOSUR como miembro pleno, lo que podría representar un nuevo resquebrajamiento de la integración subregional, similar al provocado por la salida de Venezuela el año 2006.

Por otra parte, en cumplimiento a Tratados y Convenios de los que el país hace parte como miembro de Naciones Unidas, en su momento no hemos tenido una posición clara ni contundente respecto a la invasión rusa a Ukrania, ni siquiera congruente con el mandato de nuestra Constitución, de respeto a la soberanía e integridad territorial de los países. De la misma forma no se condenó el ataque terrorista y criminal de Hamas a población civil indefensa en territorio de Israel, al igual que se debe condenar el bombardeo indiscriminado que atenta contra población civil indefensa en la Franja de Gaza, haciendo un llamado al cese al fuego, sin necesidad de romper relaciones con ningún país, similar a la posición adoptada por gobiernos socialistas como México, Chile y Argentina.

Próximos al Bicentenario de la independencia, es oportuno reconducir la política exterior del país, de ninguna manera subyugándola al interés ni beneficio de ninguna potencia extranjera, sea asiática, eurásica, norteamericana o europea, la independencia política y económica así como la autodeterminación, son patrimonio innegociable del pueblo. Esto no debe significar un aislamiento del contexto internacional, sino reconocer la interdependencia de las naciones, la integración, el comercio y la inversión como parte del desarrollo que necesitan las economías de ingresos bajos y medios como la nuestra.

Una adecuada política exterior debería posicionarnos en las vías de salida a ultramar, con mayor inversión, servicios y alianzas estratégicas, de complementación económica en particular con Chile y Perú en el occidente y con el MERCOSUR en el Sudeste, de manera que seamos una conexión natural entre el Pacifico y el Atlántico Sur. Urge reactivar la profundización del Acuerdo Bilateral con Chile, que nos permita mayor intercambio comercial y cooperación destinada a mayores facilidades logísticas y portuarias al tiempo que las autoridades aduaneras y militares de ambos países desarrollan una lucha efectiva con el contrabando, la trata de personas y el narcotráfico.

Debemos reconducir nuestra política exterior, prescindiendo de su politización, dando paso a las verdaderas necesidades del país, de mayor desarrollo a través de las exportaciones, la promoción de inversiones, los acuerdos de complementación económica y las cadenas globales de valor.

Necesitamos de un servicio exterior que pueda promover el turismo, los negocios, y que acompañe de manera activa los acuerdos de defensa de la democracia, la libertad económica y la defensa de los derechos humanos, así como la integridad y libertad de todos los pueblos del mundo.

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