La escasez de combustible se agrava en varias regiones del país. En zonas de La Paz, la ausencia de filas en los surtidores no refleja normalidad, sino desabastecimiento total: simplemente no hay gasolina ni diésel. La crisis impacta de lleno al transporte público y a miles de ciudadanos que dependen de este servicio para movilizarse, trabajar o desplazarse a los centros educativos.
En La Paz, por la zona de Obrajes y la avenida Kantutani, en la zona Sur, se evidenció estaciones completamente cerradas, sin rastro de carburantes. “Aquí normalmente hay filas de choferes esperando por horas. Hoy no hay nadie porque simplemente no hay combustible”, reportó un medio de TV.
En al menos cinco surtidores recorridos, ubicados en Sopocachi, Miraflores, Chasquipampa, Los Pinos y la zona Sur, la situación fue la misma: cerrados, con conos y vallas bloqueando el ingreso vehicular. Algunos empleados informaron que la gasolina recién llegaría “mañana al mediodía”, mientras que otros admitieron no tener certeza alguna sobre los horarios de reabastecimiento.
En el municipio fronterizo de San Matías, en el departamento de Santa Cruz, la escasez se ha tornado desesperante. Las filas en surtidores duran horas e incluso días, y los conductores solo acceden a cinco litros por persona, generando escenas de frustración y tensión social. “No hay cómo meter más motos, ya está lleno el lugar”, se quejan vecinos que exigen una solución inmediata.
La situación es similar en Cobija, capital del departamento de Pando. Allí, el recorte del cupo de combustible a los truffis —minibuses que prestan servicio en barrios alejados— ha generado un colapso del transporte urbano. “Antes les vendían tanque lleno, ahora apenas 40 litros. Solo les alcanza para uno o dos días, luego deben perder otro día haciendo fila”, explicó Michel Rivera, dirigente del sexto distrito, en entrevista con medios locales.
El impacto directo lo sufre la población: el pasaje en mototaxi desde barrios periféricos al centro de Cobija llega hasta los 20 bolivianos, un precio inalcanzable para muchas familias. “Esto perjudica a estudiantes, trabajadores y vecinos humildes que no pueden pagar un taxi cada día”, remarcó Rivera, quien exige una reunión urgente con la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) para restablecer los cupos anteriores.
Por su parte, los transportistas nacionales amenazan con acciones legales. Domingo Ramos, dirigente del sector, responsabilizó al Gobierno central por el desabastecimiento. “No somos políticos, somos transportistas. Queremos trabajar. Mientras ellos tienen jugosos sueldos, nosotros estamos mendigando combustible”, reclamó en un discurso encendido.
Pese a que el Gobierno ha asegurado en varias ocasiones que la provisión está garantizada, la realidad en las calles desmiente esa narrativa. Las estaciones de servicio están desabastecidas, el transporte popular está paralizado en varias regiones, y los trabajadores del sector denuncian pérdidas millonarias acumuladas en lo que va del año.